Destinadas al recuerdo, son pasto del olvido. Fosa y ataúd fundidos en el hueco de la piedra. Hace ya tantos siglos que hasta el recuerdo de los huesos se ha borrado. Muchas han desaparecido bajo obras y remociones del terreno, otras todavía no se han encontrado, pero cientos de ellas permanecen, como ojos abiertos, dispersas por toda nuestra geografía. Misteriosas y mudas. No todas las tumbas excavadas en roca diseminadas en nuestro paisaje provienen de la misma época. Algunas pueden remontarse a la edad del Bronce, otras proceder de momentos más tardíos de la edad media. Sin embargo, parece que el grueso de las encontradas, dentro de la falta de estudios y dataciones que caracteriza estos hallazgos, podría situarse entre los siglos IV y VIII de nuestra era.