12 Marzo 2026, 13:31
Actualizado 12 Marzo 2026, 14:51

El de Francisca Cadenas no es el primer caso de estas característica en Extremadura. Un año antes en otro pueblo, Monesterio, otra mujer, Manuela Chavero, desaparecía en circunstancias casi calcadas

Al igual que Francisca, Manuela no se llevó sus pertenencias, ni teléfono móvil ni las llaves, y dejó las luces encendidas y la casa abierta

Cuatro años de incertidumbre

Entonces hubo que esperar cuatro años, hasta 2020, para que la Guardia Civil detuviera a su vecino, Eugenio, que confesó el crimen y llevó a los agentes al lugar donde había enterrado el cuerpo. Ahora cumple pena de prisión permanente revisable. La hermana de Manuela, Emilia Chavero, pide justicia también para Francisca. Dice que "las pobrecitas entraron en las casas vivas y mira cómo han salido las dos. Porque aquí se tiene que hacer justicia, por lo menos para aliviar un poquito esta herida que nunca va a cerrar".

"Se tiene que hacer justicia, para aliviar un poquito esta herida que nunca va a cerrar"

Fuera de la región, también se han dado sucesos parecidos. Basta recordar el de la joven Laura Luelmo en 2018. Desapareció en el pueblo onubense de El Campillo. Y tras varios días de búsqueda su cuerpo fue hallado en un paraje cercano. El responsable de su secuestro, agresión sexual y asesinato también era un vecino, el de la casa de enfrente. Bernardo Montoya fue condenado a prisión permanente revisable.

Y dos años antes, Diana Quer en Galicia. Aunque mediáticamente diferente, por no ser en un entorno rural pequeño, comparte con el caso de Francisca Cadenas la intensa investigación de la UCO tras largo tiempo sin pistas claras y el hecho de que la desaparición tuvo lugar en un trayecto corto hacia casa. Se resolvió año y medio después y también se impuso a su asesino, el Chicle, la pena de prisión permanente revisable.