Episodio 68: El artista conocido como Julio Iglesias

Nuestra historia comienza en el desierto de California, en una lujosa residencia de Palm Springs. En medio de un oasis de artificio para estrellas de Hollywood, se levanta el Camelot de este reino: un castillo de planta baja, forrado de cristal, ladrillo y palmeras, iluminado noche y día por el fulgor azul de una piscina omnipresente.

La leyenda del dueño de este Camelot no tiene nada que envidiar a la del propio Rey Arturo. Hoy ejerce de anfitrión de otro famoso cantante, protagonista absoluto de nuestro programa de hoy. El ilustre invitado duerme ahora en una habitación con techo y paredes empapelados con hojas de palmera, que combinadas con la luz amarillo-piña de las desproporcionadas lamparillas de noche confieren a la estancia un aspecto entre kitsch y psicodélico.

A esta hora de la madrugada, nuestro protagonista yace en posición fetal sobre la cama de invitados. Está soñando una película que se parece a la de su propia vida. Las imágenes se proyectan sobre la falda de una joven que no para de dar vueltas sobre sí misma. El cantante está angustiado. Quiere cantar, pero no puede. Lo intenta una y otra vez, pero su garganta solo es capaz de emitir el mismo pálido gemido. Y entonces, escucha la voz de su padre: «Julio, Julio. Don Julio, Don Julio. Despierte. El Señor Sinatra le espera para desayunar». “Begin The Beguine” (Begin The Beguine, 1981).

Habitación de invitados en Twin Palms, la mansión de Sinatra en Palm Springs.

Julio deseaba jugar de portero en el Real Madrid, pero el destino le trastocó su lista de deseos y le obligó a escribir en primer lugar un desesperado: QUIERO VOLVER A ANDAR. Tras dos años postrado en una cama, un enfermero llamado Eladio Magdaleno le ofrece una guitarra con la que ejercitar unos dedos atrofiados. Desde ese momento, Julio convierte cada circunstancia en una oportunidad. El poder de esta alquimia es tan extraordinario que transforma a los mortales en leyendas. “Quijote” (Momentos, 1982).

-Don Julio. Despierte. El Señor Sinatra le espera para tomar el desayuno. Son las seis de la mañana. Buenos días.

Julio abrió su ojo derecho y miró hacia la ventana de la habitación. «¿Buenos días? ¡Si está más oscuro que el sobaco de un grillo! ¡Las seis de la mañana!». Julio Iglesias se incorporó lentamente, con el cuidado milimétrico que atenuaba los dolores de aquel accidente que en la víspera de su decimonoveno cumpleaños acabó con su coche, sus amigos y él, en una cuneta de camino a Madrid.

El cantante se levantó de la cama y salió descalzo de la habitación enfundado en un albornoz gigante con una aparatosa estrella bordada en la espalda. Frank Sinatra le esperaba en un enorme salón, presidido por un majestuoso equipo de sonido que parecía sacado de un película antigua de marcianos. Sinatra miró a Julio y le invitó a sentarse junto a él en el sofá. «¿Te gusta el boxeo?». La Voz grababa todos los combates de la tele y los veía mientras el resto del mundo dormía. «¿Y tú cuando duermes, Frank?». Sinatra se giró hacia Julio, colocó la mano abierta sobre el hombro de su invitado y le dijo: «Amigo, tengo miedo a que la muerte me encuentre durmiendo. ¿No crees que los artistas nos merecemos morir en el escenario?. Tú y yo, Julio, nos hemos ganado cantar hasta el último día, cantar para siempre». “Let It Be Me” (Crazy, 1994).

«¿La rubia de verde o la de azul?». El ayudante de Julio Iglesias se pregunta a cuál de las chicas ha señalado su jefe. En cada estribillo, el cantante más bronceado del mundo señala a las elegidas para compartir un rato a solas con él. El empleado de la estrella recolecta papelitos con el número de teléfono de las afortunadas, en los que anota elaborados comentarios antropométricos para su jefe: la alta, la flaca, la culona... “To All The Girls I’ve Loved Before” (con Willie Nelson) (1100 Bel Air Place, 1984).

Detrás del breve y tupido jardín del 1100 de Bel Air Place, el nítido riñón color azul vibrante de una piscina, colgaba como una gema sobre las colinas de Hollywood.

—Piscinita mágica —dijo Julio Iglesias—. ¿Quién es el mejor cantante del mundo?

—Frank Sinatra —respondió sibilinamente la piscina.

Un murmullo de desaprobación cuajó en la terraza desde la que un grupo formado por los amigos, colaboradores y parientes del divo presenciaban la escena.

—¿Dónde se ha metido Alfredo? —preguntó Julio.

—Está en el Anfiteatro, revisándolo todo para tu debut de esta noche.

—Muy bien, tiene que salir perfecto.

—¿Qué tal estoy situado en la Lista de éxitos?

—Magnífico —replicó el jefe de prensa. Arriba.

—Sí, pero con Willie Nelson, refunfuñó Julio. ¡Quiero conseguirlo solo!

Una sombra de desasosiego empañó fugazmente su mirada. Los otros retrocedieron aterrados. No podían permitirse una depresión del cantante justo cuando faltaban pocas horas para su presentación en Los Ángeles.

Un ayudante, rápido de reflejos, abrió un armario y sacó a una de las muchachas rubias y exquisitamente bellas que almacenaba para ocasiones como ésta. La empujó con certera puntería, y la chica fue a caer en el hueco formado en el aire por el brazo izquierdo de Julio.

—Échala —dijo el cantante, lacónico. Y dejadme solo, necesito concentrarme.

Cuando los otros desaparecieron, volvió a acercarse a la piscina.

—Piscinita mágica…

No le dejó terminar.

—He dicho Frank Sinatra, ¡cago en diez!

Julio se quedó quieto, con los ojos fijos en la ciudad que se extendía a sus pies y que se había prometido conquistar.

Fragmento de la novela ¡Oh, es él!, de Maruja Torres, 1992.

“Si Me Dejas No Vale” (A mis 33 años, 1977)

-Julio, tuviste que pedirme muchas veces que nos casáramos, pero yo solo te voy a decir una vez que nos separemos.

Tras 8 años de relación y tres hijos, Isabel Preysler se separa de Julio Iglesias para siempre. Durante más de una década, las canciones de Julio parecen una crónica de su ruptura con Isabel. El artista que solo posa del lado derecho se dio cuenta que ningún amor sería tan duradero como el que sentía por su carrera y convirtió su profesión en el faro de su vida. “Lo Mejor De Tu Vida” (Un hombre solo, 1987). “All Of You” (con Diana Ross) (1100 Bel Air Place, 1984).

Isabel Preysler y Julio Iglesias fotografiados por Juan Gyenes en 1974.

Sinatra y Julio salieron al jardín y se dirigieron a un bungaló que olía a maderas exóticas. Frank abrió una de sus puertas y encendió las luces. Decenas de locomotoras de juguete recorrían sin descanso una inmensa maqueta repleta de estaciones, apeaderos y cambios de agujas. En las estanterías que cubrían las paredes del bungaló, el resto de la colección de trenes de Sinatra se mezclaba con premios y fotografías de personalidades. «Frank ¿Esos son tus Grammys?», preguntó Julio. «Si, estos son unos cuantos, pero ¿tú ya habrás ganado alguno, no?» dijo Sinatra. «Todavía no», contesto Julio con resignación. El viejo ojos azules se acercó a una bola del mundo como la Chaplin en el “Gran Dictador” y le pidió al ganador del festival de Benidorm de 1968 que la hiciera girar. «Cierra los ojos y pon tu dedo sobre el mundo» ordenó Sinatra. Julio Iglesias posó su bronceado índice de la mano derecha sobre el globo terráqueo, abrió los ojos y leyó: Samoa Oriental. «¿Sabes una cosa?» dijo Sinatra, «en cualquiera de esas islitas no hay nadie que sepa el ganador del último Grammy, pero todo el mundo te conoce a TI y a MÍ». “Summer Wind” (con Frank Sinatra) (Duets, 1993).

La presentadora mexicana no puede ocultar sus nervios al encontrarse cara a cara con ÉL. La exuberante joven ha caído presa del irresistible encanto de Julio, intacto a pesar de sus 70 años. «¿Tienes novio guapa?», le pregunta el cantante. «No, no» responde al instante la periodista. Una vez que el cerebro de la entrevistadora ha procesado la pregunta, se desdice rápidamente de su emocional respuesta «Si, si claro Julio, tengo novio». El cantante español más internacional sonríe y recuerda al joven Julio con muletas, al chaval acomplejado que no sacaba nunca a bailar a la chica. “Bamboleo” (Raíces, 1989).

Señoras y señoras, “Que C’est Triste Venise”, Julio Iglesias y Charles Aznavour.

Aquella noche, en el campo del Barcelona, Julio se metió en el bolsillo a más de 100.000 personas. No está mal para un muchacho -que no hace tanto tiempo- apenas podía mantenerse en pie sobre el escenario y por el que nadie daba un duro como cantante. Nadie, excepto una persona, Alfredo Fraile, el único representante que creyó en él, que le empujaba al escenario cada noche, que puso su dinero para hacer despegar a Julio y que le llevó a lo más alto, a lo impensable, al éxito rotundo. En 1984, en la apoteosis del triunfo, Alfredo Fraile se despide de Julio Iglesias para no volver a verle nunca más. El hombre y la mujer que estuvieron con Julio cuando aún no era nadie, no pudieron más y se apartaron de su lado. Son los riesgos de olvidarse de vivir. “Me Olvidé De Vivir” (Emociones, 1978).

Julio Iglesias bromeando con Michael Jackson en presencia de Brooke Shields.

Cuando la orquesta empieza a tocar “La Vida Sigue Igual”, Julio José Iglesias de la Cueva -el artista conocido como Julio Iglesias- se acuerda de sus padres, de cómo les miraba en silencio intentado descubrir en sus ojos si volvería a andar. “La Vida Sigue Igual” es una canción que compuso cuando no esperaba que nadie la escuchara, por eso es tan especial para Julio. Después, todo fue diferente. El miedo terrible a caerse en el escenario fue remitiendo, y se le quitó de la cabeza la idea de dejarlo todo cuando ganara 50 millones de pesetas. Los años pasaron y Julio aprendió a cantar hacia dentro, como hacían los grandes como Sinatra, Elvis o Nat King Cole. Pero él no tenía el talento de ellos y como lo sabía, se aplicó como ninguno. Y la música le premió con cantar para siempre. ¿Verdad, Frank?.

Ahora que ha acabado el espectáculo y ha caído el telón, ELVIS HA ABANDONADO EL EDIFICIO, pero siempre estará entre nosotros.

Que la MÚSICA y la FELICIDAD os acompañen...

 

Acerca del blog

Hemos desembarcado en este rincón de la Red con una misión que cumplir: “Encontrar la canción de tu vida”. Seremos tu guía en un apasionante recorrido por canciones que han hecho historia. Escúchanos cada viernes a medianoche y en el podcast de “ELVIS HA ABANDONADO EL EDIFICIO”. Somos todo oídos, escríbenos a [email protected] Que la música te acompañe.

Sobre el autor

“ELVIS HA ABANDONADO EL EDIFICIO” es un programa producido por la cadena de radio WJRC y emitido en directo desde el Estudio B del edificio Abernathy, en Memphis, Tennessee.

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