Jardín o parque, durante siglos privilegio de unos pocos. Las ideas de la Ilustración hicieron que se abrieran al público algunos de los grandes parques de los monarcas europeos durante el siglo XVIII, pero no es hasta el siglo XIX, en Inglaterra, cuando se crean los primeros parques públicos, para paliar los desastrosos efectos de la Revolución Industrial en la vida urbana. Surgen parques y avenidas arboladas, que acabaron siendo paseos para la burguesía, en casi todas las ciudades. Pero si aquella primera iniciativa tuvo un carácter casi moralizante, pues pretendía la regeneración de las costumbres de la clase trabajadora ofreciendo un espacio de ocio alternativo a la taberna, la trascendencia de los espacios verdes contemporáneos, en ciudades cada vez más grandes y contaminadas, empieza a rozar los límites de los necesario. Sin embargo, y quizás porque nuestras ciudades extremeñas son pequeñas, algunos hacen del árbol su enemigo.