29 Septiembre 2021, 13:33
Actualizado 29 Septiembre 2021, 13:33

La terapia psicológica es una de las opciones más eficaces para la recuperación de las mujeres que han sufrido violencia de género y en la Universidad de Extremadura han ideado una fórmula alternativa para llegar a las supervivientes. Se trata de un innovador proyecto de Turismo terapéutico en el Valle del Jerte.  

Hasta ahora no se había demostrado el efecto positivo que la actividad física y de aventura tiene en la recuperación del autoconcepto de víctimas de violencia de género.

Más del 60% de las víctimas de la violencia de género reconoce problemas de autoestima 

En el terreno emocional, las mujeres que han pasado por una situación de violencia machista, según recoge la última Macroencuesta de Violencia contra la mujer del gobierno de España, el 61% de las mujeres víctimas agredidas física o sexualmente por sus parejas o exparejas reconoce problemas de autoestima, un 47,3% sufren ansiedad y un 45.4% están inmersas en una depresión.

Consecuencias psicológicas contra las que han querido actuar desde este proyecto liderado por la Universidad de Extremadura y financiado por la Diputación de Cáceres.  

Un programa pionero que disminuye la depresión 

Un grupo de 17 mujeres, que han pasado por la violencia de género, han participado en múltiples actividades de naturaleza en el Valle del Jerte. Han realizado rafting, kayak en aguas bravas, paddle surf o travesía de montaña que los terapeutas han mezclado con sesiones grupales de trabajo psicológico.

El resultado ha sido muy positivo: una mejora de la autoestima y la autoeficacia después de haber participado en el programa. Estas mujeres, además, han disminuido sus niveles de depresión.  

El deporte de aventura con terapia tradicional funciona 

En unas jornadas en Badajoz se han expuesto los resultados. Entre las ponentes está Gema Sáez, psicóloga y profesora de la Universidad de Extremadura y una de las responsables del proyecto. Ella nos ha avanzado que gracias a esta iniciativa los resultados son muy positivos a nivel cuantitativo, con mejoras objetivas, pero que "la sensación del equipo de investigación es que las mujeres sentían que eran capaces de hacer muchas más cosas después de haber pasado por el proyecto"

"Situaciones límite que después llevan a su vida diaria" 

Han realizado actividades de riesgo como barranquismo y han conseguido que las mujeres pensaran, dice Sáez, que "si en situaciones críticas como saltar un barranco fueron capaces, como no van a ser capaces de hacer cosas más pequeñas, que por la situación de violencia que habían sufrido no eran capaces".

La idea es que este tipo de programas alternativos tengan un mayor impulso para ayudar a las víctimas de la violencia de género.

 

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