5 Agosto 2022, 17:58
Actualizado 6 Agosto 2022, 09:23

No todos los que han superado la infección por covid pueden mantener una vida normal. El 12,7% de los que se han contagiado sufre a día de hoy las secuelas del coronavirus, según un estudio holandés publicado por "The Lancet".

Son los que padecen covid persistente, también conocido como síndrome postcovid. Una de esas personas es Eva Arias, vecina de Usagre, que se contagió en octubre de 2020. Actualmente sigue de baja laboral porque los síntomas que sufre le impiden trabajar.

 "Los síntomas han ido variando, pero sigo sufriendo asfixia y fatiga muscular. Ante cualquier esfuerzo, incluso, en un paseo a paso rápido, el cuerpo no me responde. Sufro un cansancio extremo", explica Eva a Canal Extremadura Radio. Son las secuelas que a ella le han dejado la infección por Covid-19 y que a día de hoy le impiden trabajar. Es técnica de alfabetización digital en los nuevos centros del conocimiento, algo que le obligaba a desplazarse hasta Badajoz, un trayecto en coche que no puede hacer ante las secuelas que padece.

"Ante cualquier esfuerzo, incluso, en un paseo a paso rápido, el cuerpo no me responde. Sufro un cansancio extremo"

Asegura que gracias a la rehabilitación ha conseguido algunas mejoras, aunque es consciente de que aún le queda mucho camino por delante, puesto que le han aparecido otros síntomas que no tenía antes, entre ellos, la saturación del oxígeno en sangre o la aceleración de las pulsaciones solo cuando pedalea en la bici sin carga ninguna, uno de los ejercicios que realiza dentro de la rehabilitación. Una recuperación que sigue junto a las consultas con varios especialistas, entre ellos al cardiólogo. Ninguno de ellos, señala, le puede determinar cuando acabará todo. No obstante, señala que está contenta con el trato que recibe desde la Seguridad Social.

"He perdido capacidad de memoria, me cuesta leer un libro y a la hora de hacer natación no coordino bien"

Otra de las personas que sufre el covid persistente es Irene Corrales, que además forma parte del colectivo de extremeños afectados por esta enfermedad. Ella se ha contagiado dos veces, la primera en mayo de 2020 y la segunda en el mismo mes de este año. Un contagio que le ha dejado las defensas "bastante débiles", asegura. En cuanto a los síntomas, son de todo tipo, dice, tanto físicos como neurológicos: "He perdido capacidad de memoria, me cuesta leer un libro y a la hora de hacer natación no coordino bien", explica.

En su trabajo diario, como monitora en una biblioteca con niños, cuenta que cualquier olor, incluso  el de un rotulador, le puede provocar una ataque de tos. Asegura que le ocurre lo mismo cuando manipula pinturas infantiles o tiene que usar lejía para limpiar las instalaciones. Problemas a los que suman otros que afectan a su vida diaria, en la que se siente incapaz, debido a la fatiga o los dolores, de poder barrer o recoger su habitación, o incluso de bailar.

Una vida muy distinta a la que llevaba antes del contagio, explica: "Salía a las 9 de la mañana de mi casa, trabajaba, estudiaba y me estaba preparando las oposiciones para la policía nacional y hacía mucho deporte, y a día de hoy, me cuesta mucho hacer una vida normal. Solo estudio cuando puedo, porque los dolores de cabeza son constantes".

En cuanto al tratamiento, asegura que toma 18 pastillas y que en el último mes ha tenido que tomar corticoides para tratar la afonía o la inflamación de las cuerdas vocales. No obstante, denuncia que pese a tener "varios tratamientos por las diferentes afecciones, algunos de ellos no los cubre la Seguridad Social". Además, para hacer rehabilitación tiene que viajar a Sevilla y a Madrid, y no siempre puede costearse ese gasto. En cualquier caso, reclama más atención sanitaria e investigación concreta sobre las personas que, como ella, sufren el covid persistente.

Tanto Eva como Irene desean recuperar cierta normalidad en su vida aunque de momento, reconocen, no les queda otra, que seguir luchando.