El aceite lampante no supone riesgo para la salud aunque la Unión Europea lo considera no apto para el consumo
Antes de comercializar los distintos aceites son varias pruebas las que se les realizan. Buscan conocer la pureza y la calidad del producto.
Algunas son en laboratorio como las destinadas a conocer el grado de acidez. Hay otras que se pueden realizar sin instrumentos específicos como las catas, que además es recomendable realizar en casa. El buen aceite debe oler y saber como una fruta o vegetal.
Como resultado de estos análisis los productos se engloban en tres categorías: aceites de oliva virgen extra, aceites de oliva virgen y aceites de oliva. Este último es el resultado de la mezcla de aceite lampante con otros de categoría superior.
El aceite de oliva lampante es aquel defectuoso en su sabor y olor. No es peligroso para su consumo pero no cumple con la normativa europea y su comercialización está prohibida. Su destino es el refinado para mezclas con otros aceites como el virgen o el virgen extra.


