Abel Castaño representará a Extremadura en el Nacional de Repostería
Badajoz acogerá este año el Concurso Nacional de Repostería de Extremadura y en la Escuela de Hostelería cinco aspirantes han peleado por estar en ella
Badajoz acogerá este año el Concurso Nacional de Repostería de Extremadura, y la maquinaria ya está en marcha. En Mérida, la Escuela de Hostelería ha sido escenario de una intensa jornada de preparación en la que cinco aspirantes ultiman detalles para hacerse con un puesto en la cita y, sobre todo, con el billete al certamen nacional. “Tenemos este año unos concursantes con mucho talento y yo creo que esto Extremadura lo debe reconocer. Nosotros intentamos impulsar para cuando vayamos al nacional, vayamos con las garantías de que vamos a llevar al mejor”, explica José Antonio Rodríguez, presidente de APAREX.
Finalmente, ese pase ya tiene nombre propio. Abel Castaño, de la pastelería Golimbeo, será el encargado de representar a Extremadura en la final del Concurso Nacional de Cocina y Repostería. El repostero, natural de Los Santos de Maimona, se ha impuesto al resto de participantes tras una exigente prueba en la que ha destacado por su técnica y creatividad.

La preparación
El reto no es sencillo. Durante tres horas, los participantes deberán elaborar desde cero un postre en el que los productos extremeños sean protagonistas. Ingredientes como la miel, los higos secos o la uva no solo deben estar presentes, sino que forman parte de una estricta normativa. “Tienen que incluir un 30% de higos en la receta, un 10% de miel y un 10% de uva”, detalla Valentín Muñoz, jurado técnico, quien además supervisa todo el proceso de elaboración. Porque aquí no solo cuenta el resultado final.
El jurado de sala será el encargado de degustar y puntuar los seis platos que debe presentar cada concursante, pero también se valoran aspectos como la técnica, la organización o la limpieza. “Algo tan básico como la miel tiene que notarse. Se tiene que identificar que lleva uvas, higos y miel”, señala José Luis Delgado.
Además, el jurado técnico vigila cuestiones clave como las buenas prácticas en cocina, la higiene o el aprovechamiento de los ingredientes. “No puede haber desperdicio. Tienen que calcularlo todo muy bien”, añade Rodríguez.


