TEATRO CLÁSICO DE CÁCERES
Soñar también es un acto político: El sueño es vida llega al Festival de Teatro Clásico de Cáceres
Marcos Altuve lleva a Cáceres una 'La vida es sueño' que invierte a Calderón: donde el barroco veía desengaño, esta compañía ilicitana ve resistencia
Hay una pregunta que La vida es sueño lleva cuatro siglos respondiendo a su manera. Calderón construyó una de las obras más hermosas del teatro universal sobre la idea de que todo es ilusión, de que la existencia es un sueño del que más vale no fiarse. Contención, desengaño, prudencia. El Siglo de Oro era así de poco optimista, y tenía sus razones. Pero uno se pregunta qué pasa cuando esa lección —no te creas nada, todo es mentira, los sueños no son reales— la aprende alguien que vive bajo un poder que necesita exactamente eso: que nadie se crea nada.
Eso es lo que ha visto Marcos Altuve en el texto de Calderón. Y lo que estrena esta noche en la Plaza de San Jorge de Cáceres, dentro del 37º Festival de Teatro Clásico, es una respuesta. El sueño es vida toma a Segismundo —el príncipe encerrado desde su nacimiento porque una profecía dice que será peligroso— y lo convierte en algo más concreto y más incómodo que un símbolo barroco: un soñador que vive en una dictadura. Un hombre al que encierran no por lo que ha hecho, sino por lo que podría imaginar.
Altuve lleva cuatro años en España al frente de Arroz con Costra Producciones, una compañía fundada en Elche en 2022 que ya tiene premios nacionales e internacionales y una manera muy reconocible de acercarse a los clásicos: los usa para hablar del presente sin pedirles perdón por ello. Lo hizo con Molière y las redes sociales. Lo hizo con Juana I de Castilla y la locura como instrumento de control. Lo hace ahora con Calderón y el miedo de los poderosos a que la gente sueñe en voz alta. Es venezolano. No hace falta subrayarlo demasiado.
La función es a las 22:30 horas, con entradas desde 18 euros. Roberto Rodríguez interpreta a Segismundo. El rey Basilio se llama aquí Basilia —otro gesto que no es decorativo—, y lo encarna Allende García. Hay algo en ese cambio de género que dice más de lo que parece: el miedo al futuro no tiene sexo, pero sí tiene nombre.
Calderón tenía razón en una cosa: hay poderes que necesitan que creamos que soñar no sirve para nada. Que fue un sueño. Que volvamos a la celda. El sueño es vida lleva cuatro siglos de retraso, pero ha llegado.