NATURALEZA
El Jardín Botánico de Coria encara una nueva etapa como referente de la biodiversidad extremeña
El antiguo vivero abandonado que abrió sus puertas en 1995 prepara un modelo de musealización renovado para poner en valor su colección de flora y hábitats autóctonos
Ayuntamiento de Coria Aunque el espacio ha evolucionado, todavía conserva elementos que recuerdan su pasado. La antigua noria, el pozo y el estanque forman parte de la identidad del jardín y mantienen viva la historia de aquel vivero que durante años abasteció de árboles las carreteras extremeñas.
A las afueras de Coria, junto a la carretera que conecta la ciudad con Cáceres, un antiguo vivero de la administración de carreteras encontró una segunda vida. Lo que durante décadas fue un espacio destinado a producir árboles para las márgenes de las vías se transformó, tras años de abandono, en un jardín botánico dedicado a conservar y divulgar la riqueza vegetal de Extremadura.
Desde su inauguración en 1995, el Jardín Botánico de Coria ha pasado por diferentes etapas. Ahora afronta un nuevo impulso con un modelo de musealización que busca reforzar su valor como espacio de conocimiento, educación ambiental y divulgación de la biodiversidad extremeña.
Un pequeño mapa verde de Extremadura en más de una hectárea
Más de una hectárea de terreno convertido en una representación viva de los ecosistemas extremeños. El Jardín Botánico de Coria reúne la esencia de sus paisajes naturales a través de diferentes ambientes vegetales: encinares, alcornocales, robledales y bosques de ribera, donde conviven algunas de las especies más características de la flora autóctona.
No es solo una colección de plantas. Es una recreación del paisaje extremeño en un único espacio, un recorrido por los distintos hábitats que forman parte del territorio y que permite conocer la diversidad vegetal de la región.
La historia de una transformación
El jardín nació sobre una finca alargada conocida popularmente como “El Vivero”. Cuando comenzaron los trabajos de recuperación a finales de 1991, el lugar estaba cubierto por árboles, zarzas, maleza y residuos acumulados durante años.
El proyecto impulsado por la Escuela Taller de Jardinería Medioambiental de Coria permitió recuperar este espacio y diseñar un jardín con una finalidad clara: representar las asociaciones vegetales extremeñas a través de sus árboles y arbustos autóctonos.
Durante el proceso, los equipos recorrieron diferentes puntos de Extremadura para localizar ejemplares que después formarían parte de la colección. Algunas especies se adaptaron con facilidad; otras exigieron técnicas de reproducción en vivero por sus dificultades de trasplante o aclimatación.
La memoria del antiguo vivero sigue presente
Aunque el espacio ha evolucionado, todavía conserva elementos que recuerdan su pasado. La antigua noria, el pozo y el estanque forman parte de la identidad del jardín y mantienen viva la historia de aquel vivero que durante años abasteció de árboles las carreteras extremeñas.
El sistema tradicional de riego dio paso a nuevas tecnologías, pero la noria continúa presidiendo la entrada como símbolo del vínculo entre pasado y presente.
Un espacio para aprender y descubrir la naturaleza
El Jardín Botánico de Coria incorpora además zonas de descanso, caminos, parcelas botánicas, un invernadero y espacios pensados para la educación ambiental.
Desde su apertura al público, ha servido como punto de encuentro para escolares, asociaciones y visitantes interesados en conocer la flora extremeña. El nuevo modelo de musealización pretende precisamente reforzar esa función: convertir la visita en una experiencia más interpretativa y acercar al público el valor de los ecosistemas que forman parte del territorio.
Un nuevo futuro para un jardín único
Tres décadas después de su creación, el Jardín Botánico de Coria afronta una nueva etapa con un objetivo: poner en primer plano un patrimonio natural que ya existe y convertirlo en un referente para conocer la biodiversidad extremeña.
Un espacio que nació de la recuperación de un lugar abandonado y que hoy aspira a consolidarse como un auténtico museo vivo de la naturaleza de Extremadura.