PASTOREO
Cortafuegos de cuatro patas en Cáceres
Tres pequeñas ganaderías mantienen alrededor de 300 ovejas durante todo el año en la Ribera del Marco y las faldas de la Montaña para prevenir incendios y recuperar el uso tradicional del territorio
Canal Extremadura
En la Ribera del Marco hay un equipo de prevención de incendios que trabaja los 365 días del año y que no utiliza maquinaria ni mangueras. Tiene cuatro patas, lana y alrededor de 300 cabezas. Son los tres rebaños que pastan en este entorno de Cáceres y en las faldas de la Montaña, recuperando una forma de cuidar el paisaje que durante siglos estuvo ligada a la ganadería.
Vicente Conejero tiene 40 borregos; Jesús Sánchez, 130 ovejas; y a ellos se han sumado las aproximadamente 100 cabezas que pastorea Merineando, la explotación de la cooperativa Actyva, cuyo director técnico es Gonzalo Palomo. Tres pequeñas ganaderías con una misma función sobre el terreno: mantener controlada la vegetación mediante el pastoreo y reducir así la carga de combustible que puede alimentar un incendio.
El proyecto de Actyva comenzó en 2014, con la intención de recuperar el uso agroganadero de las faldas de la Montaña hasta Valdeflores y devolver al entorno parte de su función histórica. La prevención de incendios forma parte de ese objetivo. «Las ovejas son bomberos. Donde están ellas, no hay fuego», resume Vicente Conejero, ganadero de toda la vida.
No se trata, sin embargo, de soltar los animales en el campo y dejar que pasten. El trabajo está planificado durante todo el año. Se elaboran dos planes de pastoreo anuales en los que se establecen las zonas estratégicas o prioritarias, el tiempo que debe permanecer el ganado en cada una y la distribución de los rebaños. El objetivo es que los animales actúen allí donde su presencia resulta más útil para mantener despejado el terreno.
Una de las prácticas es el redileo, que permite concentrar temporalmente al ganado en zonas matorralizadas. Las ovejas aprovechan la vegetación y, al mismo tiempo, aportan materia orgánica al suelo. Desde Actyva señalan además otros efectos asociados al manejo ganadero, como el mantenimiento de la biodiversidad y el aumento del carbono en el suelo, que contribuye a su fertilidad.
El resultado es una forma de prevención que se apoya en una actividad ganadera tradicional. El ganado reduce la acumulación de vegetación que puede actuar como combustible, mantiene abiertos los espacios y contribuye a que el terreno llegue al verano con menor carga vegetal.
Para Vicente y Jesús, además, el proyecto supone mantener vivo un oficio que cada vez cuenta con menos relevo. «Cada vez somos menos», lamenta Jesús Sánchez. Su ganado forma parte así de un paisaje que no solo se quiere proteger del fuego, sino también recuperar para la actividad que durante generaciones ayudó a conservarlo.
Mientras aumenta el riesgo de incendios con la llegada del verano, los tres rebaños continúan haciendo su trabajo. No es una actuación puntual de la época de calor: es un sistema de manejo del territorio que funciona durante los doce meses del año.