INFRAESTRUCTURA

¿Demoler o conservar? El futuro del azud de Hijadilla plantea un debate en Cáceres

La posible eliminación de esta infraestructura del río Salor genera críticas por su valor ambiental y patrimonial y por la función que cumple su lámina de agua durante el estiaje

Canal Extremadura El azud se encuentra en el término municipal de Cáceres y forma parte de un paisaje en el que se cruzan naturaleza, historia y antiguos aprovechamientos del agua.

25 Agosto 2026, 08:22 | Actualizado 25 Agosto 2026, 08:45

El futuro del azud de Hijadilla, en el río Salor, está abierto. La Confederación Hidrográfica del Tajo ha iniciado un periodo de información pública para estudiar qué hacer con esta infraestructura, actualmente en desuso, y su posible eliminación ha provocado ya las primeras voces críticas.

El azud se encuentra en el término municipal de Cáceres y forma parte de un paisaje en el que se cruzan naturaleza, historia y antiguos aprovechamientos del agua. La infraestructura, construida en mampostería, tiene unos 55 metros de longitud y unos cuatro metros de profundidad. El inventario de infraestructuras en desuso de la cuenca del Tajo recoge que su función original estuvo vinculada a la fuerza motriz y que actualmente se encuentra abandonada.

Su historia está ligada al aprovechamiento tradicional del río Salor y al cercano molino de Hijadilla. El conjunto conserva además otros elementos de interés, como el dolmen de la Hijadilla, la ermita de San Jorge y la cercana torre de los Mogollones. El molino que permanece junto al cauce conserva una inscripción de 1862, aunque existen referencias a la existencia de un molino en este lugar desde época medieval.

La posible desaparición del azud ha llevado a Pensando Extremadura, APAG Extremadura Asaja y la Federación Extremeña de Caza a reclamar que no se adopte una decisión definitiva sin estudiar antes las consecuencias ambientales. Las tres organizaciones piden una caracterización hidroecológica durante el periodo de máximo estiaje y plantean analizar diferentes alternativas antes de optar por la demolición.

Su principal argumento tiene que ver con el agua que permanece retenida durante los meses más secos. Defienden que esta lámina de agua puede funcionar como refugio para distintas especies de peces, aves, anfibios y mamíferos cuando el caudal del río disminuye. También señalan su posible utilidad para la ganadería extensiva y para disponer de agua en situaciones relacionadas con la prevención y extinción de incendios, siempre que su aprovechamiento sea técnicamente posible.

Entre las voces que cuestionan la posible demolición está también Julián Mora Aliseda, catedrático de Ordenación del Territorio y Desarrollo Sostenible de la Universidad de Extremadura. En declaraciones a Canal Extremadura, considera que el caso de Hijadilla puede anticipar un debate que afectará a otras infraestructuras hidráulicas.

“Lo de Hijadilla es el paradigma de lo que va a venir”, señala. Mora Aliseda cuestiona que la eliminación de cualquier infraestructura que altere el cauce natural tenga necesariamente un resultado positivo y considera especialmente relevante analizar el comportamiento de los ríos mediterráneos durante el verano. A su juicio, las láminas de agua que mantienen algunos azudes pueden convertirse durante el estiaje en auténticos “oasis” para la biodiversidad. “Es un refugio para la biodiversidad”, afirma.

El catedrático también pone el foco en el valor histórico de este tipo de construcciones. Plantea qué ocurriría con otras presas extremeñas que fueron levantadas para usos que hoy han desaparecido. Cita como ejemplos las presas de Los Barruecos, vinculadas históricamente a los lavaderos de lana, y las de Cornalvo y Proserpina.

La cuestión, en el caso de Hijadilla, no afecta por tanto únicamente a una infraestructura hidráulica que ha dejado de utilizarse. El azud forma parte de un paisaje modelado durante siglos por la relación entre el agua y las actividades humanas, y se encuentra integrado en un entorno que reúne patrimonio arqueológico, arquitectónico y natural.

El cercano dolmen de la Hijadilla remite a la ocupación prehistórica de este territorio, mientras que el molino y las construcciones vinculadas al cauce reflejan el aprovechamiento histórico del Salor. A pocos kilómetros se encuentran además la torre de los Mogollones y la ermita de San Jorge, con sus conocidas pinturas murales.

Por eso, quienes reclaman su conservación consideran que antes de una actuación irreversible deben estudiarse conjuntamente su función ambiental actual, su valor paisajístico y su dimensión histórica y patrimonial.

La alternativa que plantean no pasa necesariamente por mantener el azud sin cambios. Entre las opciones que piden valorar está mejorar la permeabilidad para la fauna piscícola, realizar una adecuación ambiental o mantener la infraestructura si los estudios concluyen que sus beneficios actuales compensan el impacto que pueda generar sobre la continuidad del río.

La decisión corresponde ahora a la Confederación Hidrográfica del Tajo. Mientras se analiza el futuro de Hijadilla, el debate pone el foco sobre una construcción que lleva décadas formando parte del paisaje del Salor y que, con el paso del tiempo, ha adquirido un significado que va mucho más allá de su función original: un lugar donde se encuentran el patrimonio, la historia del aprovechamiento del agua y la biodiversidad de un río mediterráneo.