PRIMERAS FLORES AMARILLAS
El Festival Homenaje a Robe llena Plasencia en el día de su 64 cumpleaños
Plasencia se tiñe de amarillo: doce horas de rock, raíces y memoria en honor a Roberto Iniesta. Miles de personas desbordan el casco histórico en la primera edición de este festival
Pese a que hay ausencias que se lloran y mucho... a veces, si son universales y han trascendido a lo más alto, se cantan en la calle, con ruido y con poesía. Una vez más, Robe consiguió lo imposible: darle la vuelta al vacío que dejó en nuestros corazones rockeros hace algo menos de medio año para celebrar colectivamente su arte. Él tiene ese poder. El Festival Primeras Flores Amarillas barrió la nostalgia y transformó el dolor del adiós en una explosión de arte callejero el mismo día en el que el fundador de Extremoduro habría cumplido 64 años.
El pasado sábado, Plasencia no solo recordó a su hijo más ilustre, Roberto Iniesta; sino que directamente se convirtió en él. El festival cumplió con creces su promesa: transformar el dolor de la pérdida en una marea de celebración colectiva, de amor y de fiesta en las calles. Desde mediodía hasta media noche. Doce horas en las que no hacía falta mirar el programa; bastaba con seguir el rastro de las cientos y cientos de flores amarillas, de plástico o de ganchillo, que los seguidores y seguidoras portaban en un bonito guiño a los versos de 'Standby'.
El pistoletazo de salida
Corría a cargo de Jesús Mateos Brea. En la Plaza Puerto de Béjar, un lugar tranquilo en el que decenas de macetas con flores amarillas acompañaban al inmenso mural que este artista placentino ha elaborado inspirándose en algunos de los poemas más míticos de Extremoduro y de Manolillo Chinato. Son bodegones hiperrealistas que no dejan indiferente a nadie. Una obra colosal en la que no se reproducen sus rostros o portadas de discos. Unas imágenes que entrelazan la poesía, el rock y el diseño gráfico
El casco histórico placentino se convirtió en un santuario abierto para la libertad creativa. El formato libre del festival rescató el espíritu más innato de Robe y su pasión por la creatividad en cualquiera de sus disciplinas. Guitarra en mano, cajas flamencas, músicos espontáneos y bandas improvisadas compartieron espacio con batucadas y talleres. Desaparecía continuamente esa barrera que parece que existe entre el artista y el público para disfrutar de la música en directo.
El relevo generacional
Y eso sí, nada de tributos. Ante unas 5.000 personas, ya entrada la tarde, el foco mediático y emocional se trasladó al recinto amurallado de Torre Lucía. Con el aforo controlado mediante pulseras gratuitas de color amarillo, cómo no!, cientos de personas llenaron el espacio a partir de las ocho de la tarde.
Las cinco bandas elegidas estaban ahí por su capacidad creativa. Por componer sus músicas y sus letras. Por ser fieles a la 'Filosofía Robesiana'. Gran acierto y gran riesgo, a la par, por parte de la organización. El escenario principal del Festival en Torre Lucía se llenó de creación joven. Sonidos muy diferentes, estilos muy diversos pero con un punto en común, quizás el más importante: identidad propia. Un escaparate para el relevo generacional donde las bandas Oxygen, Carameloraro, Chula, Illo Brown y Aljamia demostraron que la música en directo, con sello propio y carácter personal no ha perdido su fuerza.
Tras doce horas de música ininterrumpida, el balance era unánime: este Festival tiene que repetirse. Y, en principio, con esa vocación ha nacido. Las Flores Amarillas han echado raíces en Plasencia.
Y pese a que Robe ya no está, siempre estará donde haya alguien creando.


