CAZADORES DE HISTORIAS

Mirabel descubre su pasado con un reto desde el presente

Unas misteriosas Piedras Doradas invitan a recorrer el municipio y descubrir las huellas de su historia y patrimonio. desde su castillo medieval hasta el antiguo marquesado

Ayuntamiento de Mirabel Este verano, Mirabel propone buscar esas pistas entre sus calles. Encontrar una Piedra Dorada, llevarla a la Biblioteca Municipal y dejar que sea ella la que abra la puerta a una historia.

27 Agosto 2026, 08:53 | Actualizado 27 Agosto 2026, 09:05

Hay pueblos que se conocen caminando. Mirabel es uno de ellos. Basta recorrer sus calles, levantar la mirada hacia la Peña del Acero o detenerse ante alguno de sus edificios históricos para descubrir que detrás de cada rincón hay una parte de la historia de Extremadura.

Este verano, el municipio propone descubrir ese pasado de una manera diferente. Desde el 22 de julio y hasta el 31 de agosto, las calles de Mirabel esconden unas misteriosas Piedras Doradas. Cada una está numerada y se convierte en una pista para conocer una historia del pueblo.

La propuesta se llama Cazadores de Historias y el reto es sencillo: encontrar una de las piedras, llevarla a la Biblioteca Municipal y descubrir qué historia esconde. Una forma de convertir un paseo por Mirabel en una pequeña aventura y, al mismo tiempo, acercarse a su patrimonio.

Pero ¿qué historias puede esconder un pueblo como Mirabel?

El reto: encontrar la historia

La historia de Mirabel se remonta mucho más atrás de lo que pueden sugerir sus actuales calles. El territorio estuvo en contacto con distintos pueblos y culturas. Según la documentación histórica recopilada por el Censo-Guía de Archivos de España, la zona estuvo en el límite entre los territorios de vetones y lusitanos y conserva huellas de diferentes épocas, desde la presencia romana hasta la influencia árabe.

El propio nombre de Mirabel aparece en documentos medievales, aunque en algunos de ellos se hace referencia al castillo como fortaleza sin mencionar todavía el pueblo. Es una pista más para entender la importancia estratégica que tuvo este lugar.

Una fortaleza sobre la Peña del Acero

A unos dos kilómetros del núcleo urbano, en lo alto del cerro del Acero, permanecen los restos del Castillo de Mirabel, también conocido como Castillo de la Peña del Acero.

Su ubicación no es casual. Desde esta elevación se dominaba un amplio territorio y su posición estaba relacionada con las rutas que atravesaban esta zona del norte de Cáceres. La fortaleza actual conserva elementos de diferentes momentos y se asienta sobre construcciones anteriores. Entre sus restos destacan parte de sus muros, dos torres y una gran cámara cubierta por una bóveda de ladrillo.

El castillo también está rodeado de historias. Una de las más conocidas es la llamada batalla de los Trece Panes, una tradición vinculada a los primeros señores de Mirabel y al origen de un escudo con trece panes. Una historia que forma parte de la memoria asociada a la fortaleza y que añade todavía más misterio a sus ruinas.

Hoy, llegar hasta el castillo permite contemplar un paisaje muy diferente al que veían quienes utilizaron aquella posición defensiva hace siglos, pero la sensación de estar ante un lugar estratégico permanece.

De aldea de Plasencia a villa independiente

Durante siglos, Mirabel estuvo vinculada a Plasencia. La historia cambió cuando los Zúñiga, una poderosa familia nobiliaria, fueron adquiriendo tierras y derechos sobre el territorio.

En 1488 se concedió a Francisco de Zúñiga el señorío de la fortaleza y sus vasallos. Décadas después llegaría uno de los momentos decisivos de la historia local: en 1535, Carlos I concedió a Fadrique de Zúñiga y Sotomayor el título de Marqués de Mirabel. La localidad alcanzaba así la condición de villa y culminaba su proceso de independencia jurídica y política de Plasencia.

El marquesado dejó una huella profunda en el municipio. Todavía hoy pueden encontrarse edificios, escudos y elementos que recuerdan aquel pasado señorial.

Una plaza que cuenta cómo era el poder

Uno de los mejores lugares para leer esa historia es la Plaza Mayor.

Allí se encuentra el rollo o picota, una columna de granito levantada en el siglo XVI que simbolizaba el poder jurisdiccional de los señores de Mirabel. No era un simple elemento ornamental: estos monumentos servían para representar la autoridad y, en determinados casos, para aplicar castigos públicos.

En el entorno de la plaza también se encuentran la iglesia parroquial y el Ayuntamiento, formando uno de los espacios patrimoniales más representativos del municipio.

La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción comenzó a construirse a finales del siglo XV y experimentó importantes transformaciones durante los siglos XVI y XVII, precisamente durante el periodo de influencia de los Marqueses de Mirabel. Su torre es uno de los elementos más reconocibles del paisaje urbano.

En su interior se conserva además la imagen de la Virgen de la Jarrera, patrona de Mirabel.

Las piedras que todavía hablan

La historia de Mirabel no termina en sus monumentos. También está en sus paisajes, en sus caminos y en los árboles que han visto pasar generaciones.

El municipio forma parte del entorno de Monfragüe y cuenta con espacios naturales como la Dehesa Boyal. Entre sus tesoros se encuentra además el Padre Santo, un alcornoque singular cuya longevidad se cifra en varios siglos.

Todo ello convierte a Mirabel en un lugar donde patrimonio, naturaleza e historia se encuentran a pocos pasos.

Y precisamente ahí está el espíritu de Cazadores de Historias: mirar de otra manera aquello que normalmente pasa desapercibido.

Una piedra puede ser solo una piedra. Un castillo puede parecer una ruina. Una picota puede confundirse con un elemento más de una plaza. Pero cuando alguien explica qué ocurrió allí, todo cambia.

Este verano, Mirabel propone buscar esas pistas entre sus calles. Encontrar una Piedra Dorada, llevarla a la Biblioteca Municipal y dejar que sea ella la que abra la puerta a una historia.

Aún quedan 11 sin resolver. 

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