PRESENCIAS

El niño fantasma del Parador de Mérida

Antiguo convento, cárcel y sanatorio mental, el edificio guarda siglos de historias y una leyenda que tiene como protagonista a un infante

Imagen generada con IA El antiguo convento y sanatorio mental, escenario de una de las leyendas insólitas más antiguas de la ciudad.

11 Septiembre 2026, 08:59 | Actualizado 11 Septiembre 2026, 09:55

Los pasillos del Parador de Mérida esconden siglos de historias. Antes de recibir viajeros, este edificio fue convento, hospital, cárcel y sanatorio mental, la antigua Casa de Dementes. Por sus dependencias pasaron religiosos, enfermos, presos y pacientes. Una larga sucesión de vidas que ha convertido este lugar en uno de los rincones con más leyendas de la ciudad.

Entre todas ellas destaca la de un niño.

Quienes conocen las historias del Parador hablan de una presencia infantil que se habría dejado sentir en distintas estancias del edificio. El escenario más repetido es la habitación 205, donde trabajadores y huéspedes han relatado luces que se apagan sin explicación, camas que aparecen deshechas después de haber sido preparadas y ruidos procedentes de espacios vacíos.

Pero ningún relato resulta tan inquietante como el de un llanto infantil

Las camareras de piso llegaron a ponerle nombre: Manolito.

Una de las trabajadoras aseguró haber seguido el sonido de un niño hasta un armario. Cuando abrió la puerta, no encontró a nadie. Otros testimonios hablan de objetos que cambian de lugar y de habitaciones en las que se producen fenómenos que quienes los vivieron no supieron explicar.

«Es un niño»

La historia adquiere todavía más misterio cuando aparecen testimonios de personas que aseguran haberlo visto.

Uno de ellos procede de una familia vinculada al propio Parador. Uno de los niños de la familia aseguraba que otro pequeño aparecía por la zona del baño y se acercaba hasta su cama. Lo describía como un niño real, aunque los adultos no pudieran verlo.

Según el relato, tenía las manos frías y mojadas.

También se ha contado la aparición de un niño en los pasillos del establecimiento, vestido con ropa antigua. Una presencia que desaparecía cuando alguien intentaba acercarse.

Son testimonios imposibles de verificar como fenómenos sobrenaturales, pero que durante años han alimentado la leyenda del pequeño que, según algunos, continúa recorriendo el antiguo edificio.

Una historia que se remonta al siglo VI

El misterio da un salto de varios siglos cuando aparece el nombre de Augusto.

El periodista e investigador Javier Pérez Campos ha relacionado los relatos actuales con una antigua historia emeritense situada en el siglo VI. Augusto era un niño huérfano atendido junto a otros menores por religiosos. Murió siendo todavía pequeño y, según la tradición, sus compañeros no conocieron inicialmente su fallecimiento.

Después de su muerte, uno de ellos habría escuchado su voz. Otro aseguró haberlo visto durante la noche, bajo la luz de la luna, vestido con ropas blancas.

El relato de Augusto está considerado dentro de la tradición de las apariciones infantiles más antiguas vinculadas a Mérida y ha sido recuperado en investigaciones sobre los llamados inmaturi, niños fallecidos prematuramente.

De convento a Casa de Dementes

El propio pasado del edificio alimenta inevitablemente su leyenda.

El inmueble que hoy ocupa el Parador ha cambiado varias veces de función a lo largo de su historia. Fue espacio religioso, hospital, cárcel y Casa de Dementes, además de albergar posteriormente otros usos hasta convertirse en Parador.

Cada etapa dejó sus propias historias y convirtió sus habitaciones y pasillos en testigos de siglos de vida en Mérida.

Quizá por eso la leyenda del niño haya encontrado aquí un escenario tan poderoso.

Nadie ha podido demostrar que Manolito exista. Tampoco que el niño de los testimonios sea el Augusto del relato medieval. Son historias transmitidas por trabajadores, huéspedes y personas vinculadas al edificio.

Pero cuando cae la noche y los pasillos quedan vacíos, queda una pregunta difícil de apartar de la cabeza:

¿Y si el llanto que algunos aseguran haber escuchado no fuera solo una leyenda?