TRADICIONES QUE VUELVEN
Alburquerque recupera la celebración de San Isidro más de medio siglo después
La localidad vuelve este 2026 a celebrar al patrón del campo con misa, folklore y convivencia popular para rendir homenaje a agricultores y ganaderos
Después de más de cincuenta años de ausencia, Alburquerque volverá a echarse a la calle para honrar a San Isidro Labrador, patrón del campo y símbolo de la vida agrícola y ganadera que ha marcado durante siglos la identidad del municipio.
Un grupo de vecinos ha decidido recuperar una tradición que muchos consideraban imprescindible para un pueblo ligado a la tierra, a las explotaciones ganaderas y al esfuerzo diario de quienes viven del campo. “No celebrar a San Isidro era un contrasentido”, explican los impulsores de esta recuperación, nacida desde la ilusión y el cariño por las costumbres de siempre.
La cita llegará este 2026 con el deseo de reunir de nuevo a generaciones enteras alrededor de una celebración que durante quince años formó parte de la vida social y religiosa de la localidad. La organización hace un llamamiento a la participación ciudadana para devolver al patrón del campo el lugar que merece en el calendario festivo de Alburquerque.
La jornada contará con una misa de campaña acompañada por el grupo juvenil de la iglesia, actuaciones de baile folklórico a cargo del grupo Albahaca y una barra con precios populares para favorecer la convivencia vecinal. Más allá del programa, la intención es sembrar de nuevo una tradición que pueda crecer poco a poco con el paso de los años y recuperar el arraigo de antaño.
La imagen de San Isidro que volverá a salir a la calle se conserva en la histórica Iglesia de Santa María del Mercado, uno de los templos más emblemáticos de la villa, situado junto al castillo y el antiguo barrio judío. El edificio, de origen medieval y con elementos góticos y barrocos, ha sido durante siglos uno de los grandes centros de devoción de la localidad.
San Isidro Labrador, canonizado en 1622 y declarado patrón de los agricultores españoles, representa la humildad, el trabajo y la fe de quienes han vivido siempre pendientes del cielo y de la tierra. Su figura, tradicionalmente vinculada a las rogativas por la lluvia y las cosechas, continúa siendo un símbolo profundamente ligado al mundo rural.
Ahora, más de medio siglo después, Alburquerque quiere reencontrarse con esa memoria colectiva. Con los sonidos del folklore, el encuentro entre vecinos y la emoción de volver a ver al santo recorrer sus calles, la localidad recupera una parte de sí misma y rinde homenaje a tantas familias que hicieron del campo su forma de vida.


