ESQUILADOR
Rafael Domínguez, toda una vida como esquilador en Cabeza del Buey
Con 11 años se dedicaba a cauterizar las heridas de las ovejas y con 14 pasó a ser aprendiz de esquilador. Amenizaba las duras jornadas con las coplillas que le enseñó su padre, coplillas que son hoy
Rafael lleva la esquila en la sangre desde el siglo XIX. Natural de Cabeza del Buey y cuarta generación de esquiladores, empezó de morenero con once años echando carboncillo en las heridas de las ovejas y con catorce ya era aprendiz oficial. Su bisabuelo, su abuelo Mariano y su padre José el Manzanito le abrieron un camino que él recorrió durante más de treinta años entre cuadrillas, vellones y coplillas.
