FUNGICULTURA

Las cuevas centenarias de Garganta la Olla dan una nueva vida a las setas

Antiguas bodegas y fresqueras excavadas bajo casas de los siglos XV y XVI se convierten en espacios idóneos para el cultivo de hongos gracias a su humedad y temperatura constantes

Canal Extremadura Estas construcciones, excavadas bajo las viviendas levantadas entre los siglos XV y XVI, nacieron como parte del propio sistema constructivo de las casas

2 Julio 2026, 08:55 | Actualizado 2 Julio 2026, 09:03

En Garganta la Olla, bajo el entramado de calles y viviendas que conforman uno de los conjuntos históricos mejor conservados de La Vera, existe un patrimonio oculto que durante siglos ha servido para conservar alimentos, almacenar vino y proteger enseres. Hoy, algunas de esas pequeñas cuevas y bodegas subterráneas han encontrado una nueva utilidad: el cultivo de setas.

Estas construcciones, excavadas bajo las viviendas levantadas entre los siglos XV y XVI, nacieron como parte del propio sistema constructivo de las casas. Con el paso del tiempo se utilizaron como fresqueras para mantener los alimentos a una temperatura estable, como bodegas para el vino y, según la tradición oral del municipio, también como escondites en épocas de persecución o para ocultar productos durante los años del estraperlo.

Las condiciones naturales de estos espacios —una elevada humedad y una temperatura prácticamente constante durante todo el año— los convierten en un entorno idóneo para el desarrollo de distintas variedades de hongos, sin necesidad de grandes consumos energéticos para climatizar las instalaciones.

El aprovechamiento de estas cuevas para la fungicultura supone, además, una forma de recuperar un patrimonio arquitectónico singular dándole un uso vinculado a la economía sostenible y al aprovechamiento de los recursos locales. En los últimos años, Garganta la Olla también ha acogido iniciativas formativas relacionadas con el cultivo artesanal de hongos, lo que ha contribuido a difundir esta actividad en la comarca.

Bajo las casas de entramado de madera y fachadas de adobe permanece así un mundo subterráneo que conserva la memoria de siglos de historia y que, lejos de quedar en el olvido, demuestra que el patrimonio también puede convertirse en una oportunidad para emprender y mantener vivas las tradiciones del medio rural.