NATURALEZA

El mayor laberinto de lagunas de Extremadura: un humedal que desaparece y vuelve a nacer cada año

Siete lagunas naturales forman el Complejo Lagunar de La Albuera, uno de los espacios protegidos más valiosos de Extremadura, donde el agua, la sal y las aves transforman el paisaje con cada estación

Canal Extremadura Cada vez es más frecuente observar flamencos que permanecen en estas lagunas durante todo el año, un reflejo de la importancia que este humedal ha adquirido para la especie. Junto a ellos conviven cigüeñuelas, avocetas, ánades, chorlitejos o aguiluchos laguneros, mientras que en los llanos cercanos encuentran refugio aves esteparias tan emblemáticas como la avutarda, el sisón o las gangas

5 Agosto 2026, 07:43 | Actualizado 5 Agosto 2026, 08:15

El Complejo Lagunar de La Albuera, uno de los ecosistemas más singulares de Extremadura y el mayor complejo lagunar natural de la comunidad. Situado a pocos kilómetros de Badajoz, este espacio protegido ocupa cerca de 1.900 hectáreas repartidas entre los términos municipales de La Albuera, Nogales, Torre de Miguel Sesmero y Badajoz. Su principal característica es que se trata de un sistema endorreico, es decir, el agua de lluvia no encuentra salida hacia ningún río ni hacia el mar. Se acumula en las depresiones del terreno y desaparece lentamente por evaporación o filtración, un proceso que concentra las sales y da lugar a un hábitat muy poco frecuente en Europa.

El complejo está formado por varias lagunas naturales, entre ellas la Laguna Grande, la Laguna Llana, la Laguna Marciega, la Laguna Chica y la Laguna del Burro. Aunque cada una tiene personalidad propia, todas comparten un comportamiento cambiante que hace que el paisaje nunca sea exactamente igual de un año para otro.

Cuando las lagunas recuperan el agua, el paisaje también recupera el color. Decenas de especies de aves encuentran aquí un refugio privilegiado y, entre todas ellas, los flamencos son los grandes protagonistas. Su silueta rosada se refleja sobre la lámina de agua formando una de las estampas más fotografiadas del complejo. Lo que hasta hace poco era una visita estacional empieza, además, a convertirse en una presencia permanente: cada vez es más frecuente observar flamencos que permanecen en estas lagunas durante todo el año, un reflejo de la importancia que este humedal ha adquirido para la especie. Junto a ellos conviven cigüeñuelas, avocetas, ánades, chorlitejos o aguiluchos laguneros, mientras que en los llanos cercanos encuentran refugio aves esteparias tan emblemáticas como la avutarda, el sisón o las gangas.

La riqueza del complejo no termina en el cielo. Las aguas temporales y los suelos salinos favorecen la aparición de una flora muy especializada, capaz de sobrevivir a largos periodos de inundación y de sequía. En las orillas crecen carrizos, juncos y otras plantas palustres que sirven de refugio y lugar de reproducción para numerosas especies, mientras que en las zonas más salinas prosperan comunidades vegetales adaptadas a unas condiciones extremas. Bajo la superficie del agua, pequeños crustáceos, insectos y otros invertebrados sostienen una compleja cadena alimentaria de la que dependen aves, anfibios y reptiles, convirtiendo estas lagunas en un auténtico oasis de biodiversidad.

Pero el verdadero espectáculo llega con el paso de las estaciones. Cuando el calor aprieta y las lluvias desaparecen, gran parte del agua se evapora y muchas lagunas quedan completamente secas. Lejos de ser un problema, este fenómeno forma parte del funcionamiento natural del ecosistema. La alternancia entre inundación y sequía permite la existencia de especies animales y vegetales altamente adaptadas a estos ambientes temporales, un tipo de hábitat cada vez más escaso en Europa y de enorme valor para la conservación.

La importancia ecológica del complejo ha hecho que cuente con algunas de las figuras de protección ambiental más relevantes. Está incluido en la lista de Humedales de Importancia Internacional del Convenio Ramsar, forma parte de la Red Natura 2000 y está declarado Zona de Especial Conservación (ZEC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Más allá de su valor científico, el Complejo Lagunar de La Albuera ofrece una experiencia diferente en cada época del año. En invierno es un paisaje de agua y reflejos; en primavera, de aves en plena actividad y vegetación rebosante de vida; y en verano, una extensa llanura salpicada por lagunas secas que demuestra hasta qué punto la naturaleza puede transformarse sin perder su esencia.

Pocos lugares en Extremadura muestran de una forma tan evidente que el agua no siempre tiene que permanecer para dejar huella. Aquí, desaparecer también forma parte del paisaje.