RAÍCES

El cortijo de Azuaga que conserva palabras y tradiciones

La antigua Viña Marcial, una casa de labranza de 1850 junto al río Bembézar, mantiene vivos los archiperres, los avíos del campo y el vocabulario de toda una época

Canal Extremadura La vivienda mantiene buena parte de la arquitectura y de los espacios propios de las tradicionales casas de campo extremeñas

20 Julio 2026, 12:10 | Actualizado 20 Julio 2026, 12:29

Las casas también hablan. Lo hacen a través de los objetos que guardan, de las historias que encierran y de las palabras que han pasado de generación en generación. En Azuaga, un antiguo cortijo demuestra que el patrimonio de Extremadura no solo se conserva en sus muros, sino también en el lenguaje.

La antigua Viña Marcial, construida en 1850, ha recuperado su esencia como Cortijo Viña del Duco, una casa de labranza familiar rehabilitada como alojamiento turístico. Situada junto al río Bembézar y a apenas 1,2 kilómetros del casco urbano de Azuaga, la vivienda mantiene buena parte de la arquitectura y de los espacios propios de las tradicionales casas de campo extremeñas.

Entre sus paredes todavía sobreviven los archiperres, los avíos del campo, antiguos aperos de labranza, muebles heredados y utensilios cotidianos que durante décadas formaron parte de la vida de las familias campesinas. Objetos que no solo cuentan cómo se vivía, sino que mantienen vivo un vocabulario que sigue formando parte de la identidad extremeña.

El cortijo conserva el carácter de una auténtica casa de campo. Rodeado de olivos, pinos y cipreses, se integra en una finca situada a escasa distancia del Bembézar. En el exterior llaman la atención un palomar tradicional, una alberca de riego para la huerta y un nido de cigüeñas, elementos inseparables del paisaje rural de la Campiña Sur.

En el interior también permanecen huellas de su pasado agrícola. Uno de los dormitorios ocupa el antiguo lagar, donde antaño se elaboraba el vino de la finca, mientras que el salón conserva la gran chimenea tradicional, centro de reunión de la familia durante los meses de invierno. La rehabilitación ha respetado la distribución y buena parte de los elementos originales para que la vivienda siga contando su historia.

El entorno aporta un valor añadido. El río Bembézar, uno de los afluentes del Guadalquivir que nace en el término municipal de Azuaga, forma un corredor natural de gran riqueza ambiental donde conviven numerosas especies de aves y vegetación de ribera. Un paisaje que completa la experiencia de una casa en la que el tiempo parece haberse detenido.

Porque recorrer este cortijo es también hacer un viaje por el habla popular extremeña. Palabras como "emprestar", "archiperres" o "avíos" encuentran aquí su lugar natural, recordando que las casas no solo conservan muebles y aperos: también guardan la memoria, las costumbres y el acento de quienes las habitaron.