FRONTERA

El puente más pequeño del mundo, donde España y Portugal siempre fueron vecinos

El paso de El Marco une Extremadura y Portugal sobre el arroyo Abrilongo y guarda una historia de convivencia que empezó mucho antes de la infraestructura atual

Canal Extremadura Tres metros y veinte centímetros de madera sobre el arroyo Abrilongo: la frontera más pequeña del mundo y un símbolo de unión entre dos pueblos.

4 Septiembre 2026, 08:05 | Actualizado 4 Septiembre 2026, 08:19

Solo 3,20 metros de largo y 1,45 metros de ancho separan España de Portugal en uno de los rincones más singulares de la frontera extremeña. Es el puente internacional de El Marco, un pequeño paso sobre el arroyo Abrilongo que conecta La Codosera, en Badajoz, con Portugal y que está considerado el puente internacional más pequeño del mundo.

Pero la historia de este lugar no empezó con el puente que hoy se puede cruzar. Mucho antes, los vecinos de ambos lados del arroyo ya utilizaban este punto para comunicarse. Lo hacían sobre unos sencillos tablones de madera colocados para salvar el cauce.

Cuando llegaban las lluvias y el Abrilongo aumentaba su caudal, el agua podía llevarse los tablones. Entonces tocaba volver a colocarlos y reparar el paso para recuperar una conexión que resultaba fundamental para quienes vivían a ambos lados de la frontera.

Aquel paso precario permaneció durante décadas. La documentación histórica de la Diputación de Badajoz señala que el tablón llegó a mantenerse durante alrededor de 90 años, aunque no existe una fecha exacta documentada sobre cuándo comenzó a utilizarse.

Durante todo ese tiempo, la frontera estuvo presente en los mapas, pero mucho menos en la vida cotidiana de sus habitantes. Portugueses y españoles compartían relaciones de vecindad, amistades, intercambios comerciales, costumbres y celebraciones. El arroyo marcaba la división administrativa entre dos países, pero no impedía que quienes vivían cerca se sintieran parte de una misma comunidad.

Y también hubo historias de amor. Personas que se conocieron a uno y otro lado, familias con vínculos a ambos países y relaciones que demostraban que aquella frontera política no siempre suponía una frontera en la vida de sus vecinos.

El actual puente llegó en 2008, cuando aquel antiguo paso fue sustituido por una estructura estable que permitiera cruzar el Abrilongo con mayor seguridad. Con sus 3,20 metros de longitud, la nueva construcción convirtió en permanente una conexión que llevaba generaciones funcionando de manera mucho más rudimentaria.

Hoy basta con caminar unos pasos para pasar de un país a otro. Y hay incluso que ajustar el reloj: Portugal tiene una hora menos que España.

Pero quizá la verdadera singularidad de este puente no esté en que sea tan pequeño, sino en todo lo que representa. Tres metros y veinte centímetros bastan para cruzar una frontera internacional, pero durante generaciones los vecinos de ambos lados necesitaron mucho menos que un puente para sentirse cerca.

Primero fueron unos tablones. Después llegó el puente. La relación entre españoles y portugueses ya llevaba décadas construida.