PATRIMONIO EN RUINAS
La ermita que Arroyo de San Serván se niega a olvidar
Abandonada desde hace casi un siglo este templo en ruinas sigue recibiendo la visita de fieles y vecinos que mantienen viva su historia y devoción
La silueta de la ermita de la Encarnación se recorta sobre el paisaje de Arroyo de San Serván como el vestigio de un pasado que se resiste a desaparecer. Aunque el paso del tiempo ha reducido el edificio a una imponente ruina, el lugar continúa formando parte de la vida del municipio gracias a los vecinos y devotos que siguen acercándose hasta sus muros.
Las imágenes religiosas, las velas, las flores y las pequeñas ofrendas que pueden encontrarse en su interior dan testimonio de que la ermita no ha caído en el olvido. Pese a que el culto oficial cesó hace décadas y el edificio permanece sin restaurar, todavía hay quienes mantienen viva la devoción al enclave, especialmente desde las presuntas apariciones marianas de la década de los noventa, nunca reconocidas oficialmente por la Iglesia.
La historia de la ermita se remonta a finales del siglo XV o comienzos del XVI. Las primeras referencias documentales aparecen en 1604, cuando figuraba bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación. Durante siglos fue uno de los principales centros de peregrinación de la comarca y cada 25 de marzo acogía una multitudinaria romería que reunía a vecinos de numerosos pueblos cercanos.
El templo fue ampliado en el siglo XVIII con dos capillas laterales y decorado con pinturas barrocas, de las que aún sobreviven algunos restos. Sin embargo, el progresivo deterioro de la estructura llevó a su clausura en 1927 por el riesgo de derrumbe. Desde entonces, la falta de intervenciones de conservación ha acelerado su degradación.
Aun así, la ermita conserva un fuerte valor sentimental para Arroyo de San Serván. Quienes la visitan con frecuencia limpian el entorno, depositan nuevas velas o sustituyen las imágenes deterioradas, pequeños gestos que mantienen vivo un espacio que para muchos continúa siendo un lugar de oración y de recuerdo.
Más allá de su dimensión religiosa, la ermita constituye uno de los elementos patrimoniales más singulares del municipio. Sus ruinas hablan de siglos de historia, de antiguas romerías y de generaciones de arroyanos que crecieron con este templo como referencia.
Hoy, aunque las piedras acusan el peso del tiempo, la ermita de la Encarnación sigue resistiendo. No solo por la solidez de los muros que aún permanecen en pie, sino porque hay un pueblo que se niega a dejar que desaparezca de su memoria.