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La Cascada del Diablo, el espectacular salto de agua que esconde Villanueva de la Vera

A un kilómetro del casco urbano, este enclave natural de la garganta de Gualtaminos ofrece un desnivel de 70 metros, pozas de agua cristalina y uno de los miradores más impresionantes de la comarca

Canal Extremadura El paraje se encuentra en la garganta de Gualtaminos, uno de los numerosos cursos de agua que nacen en la vertiente sur de la Sierra de Gredos

9 Julio 2026, 07:20 | Actualizado 9 Julio 2026, 07:39

La comarca de La Vera alberga algunos de los paisajes fluviales más espectaculares de Extremadura, pero pocos resultan tan llamativos como la Cascada del Diablo, un enclave situado en el término municipal de Villanueva de la Vera que cada año atrae a cientos de visitantes. Rodeada por un entorno de granito, vegetación de ribera y piscinas naturales, esta caída de agua se ha convertido en uno de los principales reclamos turísticos del norte de la provincia de Cáceres.

El paraje se encuentra en la garganta de Gualtaminos, uno de los numerosos cursos de agua que nacen en la vertiente sur de la Sierra de Gredos. Alimentada por las lluvias y el deshielo de las cumbres, la garganta mantiene agua durante buena parte del año y alcanza su mayor espectacularidad en primavera, cuando el incremento del caudal convierte la cascada en un impresionante torrente.

Aunque suele hablarse de un salto de unos 70 metros de desnivel, en realidad no se trata de una única caída vertical. El agua desciende encajada entre grandes bloques de granito formando una sucesión de cascadas, rápidos y pozas que ofrecen una imagen cambiante según la estación del año.

El paisaje que hoy contemplan los visitantes comenzó a formarse hace millones de años. El macizo granítico de Gredos se originó durante la orogenia Hercínica, hace más de 300 millones de años, aunque su aspecto actual es consecuencia de la erosión provocada por el agua, el hielo y los cambios de temperatura. 

Una de las curiosidades que rodean este enclave es precisamente el origen de su nombre. No existe una explicación histórica documentada, aunque la tradición oral ha mantenido varias leyendas. La más extendida cuenta que el estruendo del agua al caer entre las paredes de roca, unido a la profundidad de algunas pozas y a la niebla que se forma en épocas de mayor caudal, hizo creer durante generaciones que aquel era un lugar habitado por el diablo. Otra versión sostiene que el nombre servía para disuadir a los niños de acercarse a un paraje donde las corrientes podían resultar peligrosas.

Más allá de la leyenda, la cascada representa uno de los mejores ejemplos de la riqueza hídrica de La Vera. La cercanía de la Sierra de Gredos favorece la existencia de más de cuarenta gargantas que atraviesan la comarca y alimentan numerosas piscinas naturales. Esa abundancia de agua ha condicionado durante siglos la vida de sus pueblos, permitiendo el funcionamiento de antiguos molinos, regadíos tradicionales y pequeños aprovechamientos hidráulicos.

Otro de los grandes atractivos de la Cascada del Diablo es su accesibilidad. El paraje se encuentra a poco más de un kilómetro del casco urbano de Villanueva de la Vera. Un sendero de escasa dificultad conduce hasta un mirador desde el que se obtiene una panorámica del salto de agua, mientras que un descenso permite llegar a las pozas situadas en la parte inferior.

Durante el verano, estas piscinas naturales se convierten en uno de los lugares más frecuentados de la comarca. El agua, sin embargo, mantiene temperaturas bajas incluso en los días más calurosos debido a su procedencia de las cumbres de Gredos. Quienes decidan visitarla encontrarán un entorno de gran valor ambiental, por lo que se recomienda no abandonar residuos, respetar la vegetación y evitar acceder a las zonas más resbaladizas, especialmente cuando el caudal es elevado.

La Cascada del Diablo constituye  uno de los espacios naturales más representativos de La Vera y un magnífico ejemplo de cómo el agua ha ido modelando el paisaje extremeño durante millones de años. Un rincón donde la geología, la naturaleza y la tradición popular se unen para explicar por qué este lugar continúa siendo uno de los secretos mejor guardados del norte extremeño.