TESORO NATURAL

La obra maestra del agua sobre el granito

La Garganta de los Infiernos conserva uno de los escasos ecosistemas de montaña de Extremadura, un paisaje de biodiversidad excepcional modelado durante miles de años

Canal Extremadura Declarada Reserva Natural en 1994, protege cerca de 7.000 hectáreas donde el agua es la gran protagonista.

8 Julio 2026, 11:21 | Actualizado 8 Julio 2026, 11:38

La leyenda habla de gigantes. La geología, de miles de años de erosión. El resultado son las impresionantes marmitas, pozas excavadas en el granito que el agua ha ido cincelando, gota a gota, hasta dar forma a uno de los paisajes más emblemáticos de Extremadura.

Pero la Garganta de los Infiernos es mucho más que Los Pilones. Este espacio protegido, situado en el corazón del Valle del Jerte, constituye uno de los mejores ejemplos del ecosistema de montaña extremeño y uno de los rincones de mayor riqueza natural de la región.

Declarada Reserva Natural en 1994, protege cerca de 7.000 hectáreas donde el agua es la gran protagonista. Arroyos, gargantas y cascadas descienden desde las cumbres del macizo occidental de Gredos hasta el fondo del valle, modelando un relieve que cambia de aspecto con cada estación.

Su altitud explica buena parte de esa diversidad. El territorio se eleva desde unos 600 metros sobre el nivel del mar hasta los 2.343 metros del pico La Covacha, el techo de la reserva. En apenas unos kilómetros se suceden paisajes muy diferentes: de los castañares y rebollares de las cotas más bajas a los robledales, los bosques de ribera, los brezales y los piornos de las zonas altas, donde el viento y el frío dominan el paisaje durante buena parte del año.

Ese desnivel convierte a la Garganta de los Infiernos en un auténtico laboratorio natural. Cada piso de vegetación alberga especies adaptadas a unas condiciones muy concretas, creando un mosaico ecológico poco habitual en Extremadura.

El agua lo conecta todo. Los ríos y gargantas han excavado durante milenios el granito, dando lugar a cascadas, rápidos y pozas de aguas transparentes. Entre todas ellas destacan Los Pilones, un conjunto de marmitas de gigante considerado uno de los monumentos geológicos más singulares de la comunidad autónoma.

La riqueza natural de este espacio va mucho más allá de su paisaje. Aquí encuentran refugio algunas de las especies más emblemáticas de la fauna ibérica. La cabra montés se mueve con sorprendente facilidad entre los riscos de granito, mientras el desmán ibérico, uno de los mamíferos más desconocidos y amenazados de Europa, sobrevive en los arroyos de aguas limpias y bien oxigenadas. La presencia de nutrias es otro indicador de la excelente calidad de sus cursos fluviales.

El cielo también revela el valor ecológico de la reserva. Sobre sus montañas planean rapaces como el águila real, el halcón peregrino o el buitre leonado, mientras que en los bosques encuentran refugio numerosas especies de aves forestales, anfibios e insectos ligados a los ambientes húmedos.

La flora es igualmente extraordinaria. Más de un millar de especies vegetales convierten este espacio en uno de los enclaves botánicos más ricos del oeste peninsular. En primavera, las laderas estallan de color; en otoño, robles y castaños ofrecen uno de los espectáculos cromáticos más intensos de Extremadura.

Aunque miles de personas la visitan cada año atraídas por Los Pilones, la reserva es mucho más que un destino de baño o senderismo. Sus caminos recorren antiguos pasos de pastores, puentes tradicionales y bosques que conservan el aspecto de hace siglos, recordando la estrecha relación entre el ser humano y la montaña.

Pocas personas saben que este paisaje es también una gigantesca máquina de fabricar agua. Las abundantes precipitaciones de las zonas altas alimentan los numerosos arroyos que descienden hacia el río Jerte, haciendo posible la extraordinaria fertilidad del valle y contribuyendo a mantener uno de los ecosistemas fluviales mejor conservados de Extremadura.

La Garganta de los Infiernos demuestra que Extremadura también es tierra de montaña. Un lugar donde el agua ha escrito, con la paciencia de los siglos, una historia grabada en la roca, en los bosques y en la vida que aún hoy encuentra aquí uno de sus últimos refugios.