DE TEXAS A SIERRA DE GATA

El estadounidense que se enamoró de Extremadura y convirtió un molino en ruinas en un hotel boutique

Joseph Shortell conoció la región en los años 80, regresó décadas después y encontró en Villamiel un antiguo molino de aceite abandonado que decidió recuperar respetando su historia

Canal Extremadura La antigua rueda hidráulica del molino de aceite, hoy integrada en el conjunto de Aqua et Oleum, en Villamiel.

2 Septiembre 2026, 07:19 | Actualizado 2 Septiembre 2026, 07:34

Joseph Shortell llegó a Extremadura mucho antes de imaginar que algún día levantaría aquí un hotel. Su primera relación con la región se remonta a los años 80, cuando pasó un verano trabajando en una explotación agrícola con un objetivo muy concreto: aprender español. Aquella estancia dejó huella. Décadas después, el empresario y diseñador de muebles de Dallas regresó a la Sierra de Gata y acabó encontrando un lugar que cambiaría sus planes.

En 2016, mientras buscaba una casa de vacaciones, se topó en Villamiel con las ruinas de un antiguo molino de aceite. El edificio conservaba sus gruesos muros de piedra y, entre la vegetación, permanecía todavía la antigua rueda hidráulica. El techo se había venido abajo y el conjunto llevaba años alejado de la actividad que había marcado su historia. Pero para Shortell aquellas ruinas no eran el final de una historia, sino el comienzo de otra.

Decidió comprar la propiedad y emprender su recuperación. Dos años después se constituía la sociedad que pondría en pie el proyecto. El nombre elegido tampoco fue casual. Aqua et Oleum significa en latín «agua y aceite», dos elementos estrechamente vinculados al lugar. El antiguo molino aprovechaba el agua para mover su maquinaria y estuvo dedicado a la producción de aceite de oliva durante buena parte del siglo XX.

Pero la historia del edificio podría ser mucho más antigua y remontarse incluso al siglo XIII, con elementos añadidos posteriormente, en los siglos XVII y XIX.

La idea comenzó a tomar forma en 2018 y finalmente Aqua et Oleum abrió sus puertas en 2022 como hotel boutique de cuatro estrellas. La intervención buscó conservar el carácter original de la finca y recuperar parte de sus elementos. La antigua maquinaria del molino forma parte ahora del espacio y el conjunto se integra entre olivares y viñedos, con la Sierra de Gata como paisaje de fondo.

El resultado es un pequeño alojamiento de ocho habitaciones que combina el edificio histórico con nuevos espacios y que también funciona como escenario para actividades culturales.

Mucho más que un hotel

La historia de Aqua et Oleum también encaja con una transformación que en los últimos años ha comenzado a producirse en algunos rincones de la Extremadura rural: la llegada de inversores que no buscan simplemente levantar un alojamiento, sino recuperar edificios, paisajes y formas de vida vinculadas al territorio.

En este caso, además, el proyecto ha servido como puente entre Extremadura y Estados Unidos. Shortell ha participado en acciones de promoción turística de la región en Texas y su historia se ha convertido en uno de los ejemplos utilizados para mostrar el atractivo de Extremadura entre viajeros e inversores estadounidenses.

Su proyecto tiene incluso una prolongación gastronómica. El aceite de oliva producido en Extremadura llegó también al mercado estadounidense a través de iniciativas vinculadas a Shortell y a sus colaboradores, reforzando esa conexión entre la Sierra de Gata y Texas.

El valor de volver

Quizá lo más curioso de esta historia sea que todo empezó mucho antes de que existiera Aqua et Oleum.

Un joven estadounidense llegó a Extremadura en los años 80 para aprender español. Décadas después regresó a aquella tierra que había conocido de una manera completamente distinta y encontró, casi por casualidad, un molino abandonado.

Donde otros podían ver una construcción en ruinas, él vio una posibilidad. Hoy, las piedras que durante décadas estuvieron cubiertas por la vegetación forman parte de un edificio que ha recuperado su actividad, aunque de una manera completamente diferente.

El molino ya no prensa aceitunas. Pero el agua sigue pasando junto a sus muros, los olivos continúan rodeando la finca y las antiguas piedras siguen contando, ahora convertidas en escenario, una parte de la historia de la Sierra de Gata.