El 'Tiu de los PInchis' de Santibáñez el Bajo
Miércoles, 7 Enero 2026

En buena parte de Europa pervive la creencia de que los espectros recorren nuestros cielos durante el periodo que va de la Navidad a la Epifanía. Son comitivas de muertos que se vuelven especialmente activas en estas fechas. Entre el silencio, el frío y la oscuridad, lo sobrenatural encuentra su momento.

Procesiones de ánimas, conocidas con distintos nombres según el territorio, que forman parte de un imaginario común que se adapta a cada paisaje y comunidad. Del norte del continente a Las Hurdes, el paso de los muertos se convierte en advertencia, en rito y en memoria colectiva.

La Santa Compaña gallega es quizá la más conocida de estas huestes: una procesión nocturna de difuntos que anuncia desgracias y ante la que conviene no cruzarse. En el norte extremeño, conservan el recuerdo de la Genti di Muerti y en Casar de Cáceres, la Cofradía de Ánimas mantiene vivo este relato con una marcha ritual que se celebra en la noche de Reyes.

En Santibáñez el Bajo, la tradición toma una forma aún más sobrecogedora. Allí se hablaba del Tíu de los Pinchis, un ser que descendía de los cielos en las noches tormentosas del invierno o cuando alguien había fallecido en el pueblo. Montado sobre un macho cabrío negro, encabezaba un cortejo de ánimas que avanzaba entre grandes alaridos, arrastrando cadenas y sembrando el pavor.

Su aparición no era casual: funcionaba como anuncio de muerte, pero también como recordatorio del orden moral y del respeto a los ciclos de la vida. Como en otras leyendas europeas, el cabrío, las cadenas y el estruendo refuerzan la idea de un tránsito entre mundos que no debe ser perturbado.