La dama sin rostro de La Vera
Martes, 20 Enero 2026

Hay viajes en los que no somos nosotros quienes elegimos el camino. Algunos caminos parecen decidir por sí mismos quién debe recorrerlos… y quién no. En la sinuosa carretera que asciende de Jaraíz a Piornal, en la comarca de La Vera, algo así sucedía durante la década de los 70.

Los viajeros comenzaron a hablar de una presencia inquietante. Justo al atardecer, cuando la luz se vuelve fría y las sombras alargadas cubren los olivos y castaños, solía aparecer una figura en el arcén: una mujer vestida con un largo vestido negro, con un velo que ocultaba completamente su rostro.

Los testimonios eran confusos y contradictorios. Algunos juraban haber visto a una monja, otros aseguraban que era un cura o simplemente una mujer envuelta en luto. Pero todos coincidían en un detalle escalofriante: no se le veía la cara. Permanecía inmóvil, como una estatua de luto plantada en la carretera, sin gestos, sin palabras. Su sola presencia era suficiente para helar la sangre de quienes pasaban.

El miedo era tan intenso que nadie se atrevía a detenerse a comprobar nada. Sin embargo, los rumores sobre la figura se vinculaban a un trágico accidente mortal que había tenido lugar años antes en ese mismo tramo de la carretera. Durante un tiempo, la teoría pareció confirmarse: aparecían ramos de flores en el lugar, como si alguien—o algo—quisiera mantener viva la memoria del accidente.

Y luego, sin aviso, todo desapareció. Los ramos dejaron de aparecer. La figura de la mujer sin rostro ya no se vio más en el arcén. La carretera quedó huérfana de su aparición espectral, pero quienes la recorren aún sienten, cuando el sol se oculta y el viento susurra entre los árboles, que alguien, en algún lugar del camino, sigue observando.

La Dama Sin Rostro de La Vera se convirtió en leyenda, un recordatorio de que algunos caminos guardan secretos que no están destinados a ser revelados. Y si alguna vez conduces por la carretera de Jaraíz a Piornal al caer la tarde… quizá ella regrese