La literatura del extremeño Javier Cercas no solo habla de historia, de memoria y de desarraigo; un testimonio de amor filial y los primeros descubrimientos que marcan la vida.
“Entre mi hijo y Cervantes hay un gran hueco en la literatura” sentenciaba orgullosa su madre. "Seguro que todas piensan lo mismo" minimiza el autor en relación a él mimso pero no con respecto a sus progenitores. "Mi madre nunca abandonó Ibahernando. Era una mujer profundamente especial: católica, tradicional, muy apegada a su familia y con un don poco común: siempre veía lo bueno en las personas" detalla.
Su relación con su padre también fue sólida. "Como cualquier adolescente, tuve mis trifulcas, claro, pero nunca afectaron los lazos fundamentales" y puntualiza “Esa es la forma de hacerte adulto y descubrir quién eres”, reflexiona.
El verano de sus 14 años marcó un antes y un después. Volvió como hacía siempre en vacaciones a Ibahernando y allí se enamoró por primera vez. La separación, al regresar a Gerona, a mil kilómetros de distancia, le hizo sentir un vacío profundo. Fue entonces cuando un libro le cambió la vida:: "San Manuel Bueno, mártir" de Miguel de Unamuno. Su lectura le produjo un terremoto interior. Hasta ese momento, se había considerado un chico correcto; tras él "perdí la fe, empecé a beber cerveza, a fumar y entré en un caos del que aún no he logrado salir" ironiza
En su obra, en cada personaje, en cada historia, sigue latiendo esa mezcla de desarraigo y ternura, de amor filial y descubrimiento personal. Es la huella de Ibahernando, de su madre, de su primer amor y de los libros que lo convirtieron en quien es.