El ejército de los muertos de Las Hurdes: los escalofriantes testimonios de la Genti di Muerti
Jueves, 8 Enero 2026

En la comarca extremeña de Las Hurdes, donde la noche cae espesa y el silencio pesa, aún viven quienes escucharon el paso del ejército furioso de la Genti di Muerti. Entonces eran niños. Hoy, ancianos de memoria intacta, siguen bajando la voz cuando lo recuerdan.

Luis y Florencio Guerrero, naturales de Casares de Hurdes, no dudan al describirlo como algo que no pertenecía a este mundo. “Yo creo que aquello era el demonio…”, dicen todavía con los ojos clavados en la oscuridad. “Era un llorío inmenso donde brotaban voces de niños, mujeres y hombres, seguido de un aire gélido”. Un lamento coral que avanzaba por los caminos, sin cuerpos visibles, como si la tierra misma se hubiera abierto para dejar salir a sus muertos. “No era de este mundo”, sentencian.

No eran simples ruidos ni cuentos para asustar críos. Quienes lo oyeron hablan de un miedo paralizante, de refugiarse en casa, de cerrar puertas y ventanas, de rezar sin saber muy bien a qué. Nadie se atrevía a mirar afuera cuando la Genti di Muerti pasaba. Porque verla —decían— era anunciar desgracia.

Desde la alquería de Cerezal, Petra Franco aporta otro testimonio que eriza la piel. Recuerda cómo el aire cambiaba de golpe, cómo el frío se colaba hasta los huesos incluso en noches templadas, y cómo aquel sonido —ni humano ni animal— parecía rodear las casas antes de perderse monte arriba.

La Genti di Muerti hurdana es un mito tan antiguo que resulta casi imposible rastrear su origen. Se pierde en la noche de los tiempos, alimentado por siglos de aislamiento y una relación particular con la muerte. No eran fantasmas con nombre ni ánimas conocidas: eran las almas errantes, el eco de los que no encontraron descanso, avanzando juntas como una procesión condenada.