La carretera extremeña, silenciosa y oscura, ha sido escenario de algunos de los testimonios más perturbadores recogidos en la región durante las últimas décadas. Relatos separados por el tiempo, pero unidos por una misma tipología imposible: figuras gigantescas, humanas solo en apariencia, que surgen de la noche para desaparecer sin dejar rastro… salvo en la memoria de quienes las vieron.
El primer caso documentado se remonta al verano de 1985. Una familia viajaba de noche de Mérida a Badajoz cuando, entre la vegetación, distinguieron una criatura de proporciones descomunales. Su altura superaba la de los árboles, pero contrastaba con una cabeza anormalmente pequeña. La figura, descrita como un “monje gigante semitransparente”, permitía ver el paisaje a través de su cuerpo. El impacto psicológico fue tan severo que la Guardia Civil tuvo que escoltar a la familia hasta el hospital.
Diez años después, en 1995, un nuevo testimonio sacudía Las Hurdes. Cerca de Carabusino, el empresario Pedro de Medina observó junto a un barranco una sombra altísima y oscura. Una figura que cruzó la carretera en un solo paso, moviéndose de forma antinatural, como a cámara lenta, hasta desvanecerse literalmente en la nada.
Pero quizá el relato más inquietante ocurrió en la madrugada del 1 de abril de 2012. Tras un concierto, Carlos Ribera —Charli—, bajista del grupo Medina Azahara, viajaba por la N-430, cerca de Zafra, cuando una figura emergió tambaleándose del arcén. En un primer momento pensaron que se trataba de una persona accidentada. La lógica se desmoronó al acercarse.
Ante ellos apareció un ser de unos dos metros de altura, extremadamente delgado, con un rostro calavérico y una boca desmesurada, desencajada. Sus ojos brillaban con un inquietante tono amarillo, y vestía un traje blanco que devolvía la luz de los faros. La aparición fue tan fugaz como terrorífica: desapareció en segundos, sin huellas ni explicación.
Casualidad, sugestión o algo más. Tres décadas, distintos testigos y un mismo patrón imposible. En las carreteras de Extremadura, hay quienes aseguran que la noche aún guarda gigantes. Y no todos están dispuestos a olvidar lo que vieron.