En el imaginario popular de Las Hurdes sobreviven relatos que parecen emerger de un tiempo impreciso, donde la frontera entre la historia y la leyenda se difumina. Entre ellos, destaca una narración singular que habla de los jáncanos, las jáncanas y los pelijáncanos: seres de naturaleza ambigua, vinculados a cuevas, montes y zonas de pastoreo, que habitarían la memoria colectiva de la comarca.
La tradición los describe como figuras temidas, asociadas a espacios ocultos y al aislamiento de la sierra. Un universo simbólico que recuerda mucho a la figura del “cíclope”, un ser solitario que vive en una cueva y que atemoriza a los pastores que atraviesan su territorio.
Como en el poema homérico, el episodio de Polifemo en La Odisea, el monstruo es engañado por un hombre astuto que logra escapar de su dominio.En la versión hurdana, ese papel lo desempeña Perico el de las Hurdes malas, un personaje que derrota al gigante mediante una estratagema similar: el engaño, la inteligencia y el uso del entorno como única arma posible frente a la fuerza bruta.
Un relato que se adapta al paisaje hurdano, a sus cuevas, sus pasos estrechos y su tradición de aislamiento histórico.