Este 2026, el Valle del Jerte, en Barrado, conmemora 100 años de observación meteorológica, una tradición iniciada en 1926 por Nicanor Llorente Domínguez, maestro local y primer observador oficial de la zona. A lo largo de un siglo, esta estación se ha convertido en un testimonio vivo de la evolución de la meteorología y de la importancia insustituible del factor humano en el estudio del clima.
Aunque hoy los datos también se recogen mediante dispositivos móviles y satélites, los registros realizados por generaciones de observadores locales siguen siendo esenciales, especialmente en la medición del agua, donde las estaciones manuales ofrecen incluso una fiabilidad superior a la de los equipos automáticos.De hecho la AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) continúa confiando en los registros manuales, que complementan la tecnología moderna.
Tras Nicanor Llorente Domínguez, la tradición pasó a Victor Llorente Cue a principios de los años 70 y, tras el fallecimiento de éste en 2007, su hija Magdalena Llorente Benito asumió la responsabilidad del observatorio. Cada generación ha aportado dedicación y precisión, registrando no solo temperaturas y precipitaciones, sino también datos fenológicos como el paso de aves y su relación con las cosechas, ofreciendo una visión integral del entorno.
Moncho Modia, consorte de Magdalena, destaca que este observatorio no solo ha generado una valiosa base de datos climáticos, sino que también subraya el papel de la inteligencia humana en la meteorología: "La combinación de experiencia, observación directa y análisis permite una precisión que ninguna máquina puede sustituir", afirma.