Se dice que la salida por la chimenea de las brujas aparece documentada por primera vez hacia 1460, aunque muchos creen que su origen es aún más antiguo, perdido entre supersticiones y noches sin luna.
Una vieja historia, recogida en Ahigal, lo ilustra con inquietante claridad.
En el pueblo, una vecina observaba cada viernes por la noche a una anciana que vivía sola. Siempre a la misma hora, algo imposible sucedía: la mujer parecía abandonar su casa volando, deslizándose por la chimenea como si el fuego no pudiera detenerla.
La curiosidad se convirtió en obsesión. Una noche, la vecina decidió descubrir el secreto. Se escondió en la cocina de la anciana y esperó en silencio, escuchando cómo el viento golpeaba las tejas y el fuego crepitaba como si susurrara.
Cuando la anciana regresó, cerró la puerta con calma, avivó las brasas, se desperezó lentamente y, sin mirar atrás, tomó una escoba. Entonces pronunció el conjuro:
—Sin Dios y sin Santa María… por la chimenea arriba.
En ese instante, su cuerpo pareció deshacerse en sombra y humo, ascendiendo hacia la oscuridad del techo hasta desaparecer.
La vecina, convencida de haber descubierto el truco, regresó a su casa temblando de emoción. Repitió cada gesto con precisión. Se colocó una escoba entre las piernas y recitó el conjuro.
Pero cometió un error fatal: no estaba en la cocina… sino en la sala.
Nadie volvió a verla. Solo se dice que, aquella noche, algo golpeó el techo con fuerza, como si intentara escapar sin haber aprendido todavía a volar....