Con la llegada de la primavera y el regreso de la vida a las terrazas, tomarse algo fuera de casa será más caro que en años anteriores. El aumento de los suministros está reduciendo al mínimo el margen de beneficio de bares y restaurantes, y muchos empresarios no descartan nuevas subidas de precios de cara al verano.
Un ejemplo claro es el precio del café, que no deja de encarecerse. Desde el sector hostelero reconocen que es cada vez más difícil cuadrar gastos e ingresos, en un contexto de subidas continuadas en materias primas, energía y proveedores.
Así lo explica Javier Vergara, barista de Zeri’s:
«Lo que hoy está a ocho, mañana está a ocho cincuenta o nueve, y al final eso repercute y pagamos los de siempre, la gente de la calle, pero hemos tenido que subir los precios por obligación».
La situación es similar en la restauración, especialmente en productos frescos de calidad. Miguel Ángel Gómez Rubio, del restaurante Oquendo, señala que el impacto en el pescado es especialmente notable:
«Siempre que pedimos un rodaballo o una lubina la subida es brutal. Estamos hablando de un veinte o un treinta por ciento más».
Desde el punto de vista legal, y salvo en situaciones de emergencia, la hostelería es libre de fijar sus precios, aunque tiene la obligación de comunicar cualquier cambio a la Junta de Extremadura y exhibirlos en un lugar visible del establecimiento. Solo se consideran legales los últimos precios comunicados a la administración, una medida destinada a garantizar la transparencia de cara a los consumidores.
Mientras tanto, el sector afronta una temporada clave con la incertidumbre de hasta dónde puede repercutirse el encarecimiento de costes sin dañar el consumo, en un verano que se presenta decisivo para la rentabilidad de muchos negocios.