Javier Cercas, el emigrante: memorias de un desarraigo
Domingo, 1 Marzo 2026

Javier Cercas es una de las voces más reconocidas de la narrativa contemporánea. Nació en Ibahernando en 1962. Sus recuerdos más tempranos están teñidos por la migración y la pérdida, recuerdos que han marcado su vida y, de algún modo, su obra.

"Uno de mis primeros recuerdos se remonta a aquel diciembre de 1966, cuando nos marchamos del pueblo. Tenía apenas cuatro años", relata Cercas. La paradoja quiso que fuera un día de los Santos Inocentes; su madre bromeaba pensando que la mudanza sería temporal, pero la vida tenía otros planes. En la localidad cacereñá la familia había vivido un tiempo de ruptura: en pocos años, más de la mitad de la población desapareció, y él fue testigo del drama de los desarraigados.

Aquello comenzó con una escena difícil de olvidar en casa de su abuela, en el comedor, su madre colocó un mapa sobre la mesa y señaló el lugar que marcaría una nueva vida. “Aquí estamos nosotros… y aquí está papá, en Girona”, recordaba. Los cinco hijos se acomodaron con ella en un Citroën 2CV, emprendiendo un viaje que no solo era largo en kilómetros sino más aún en el plano  emocional.

El momento de la llegada permanece grabado en su memoria: un día gris, un nuevo paisaje, un croissant que veía primera vez y una lengua que sonaba extraña. Llegaron a un lugar donde nadie los conocía, donde no había referentes familiares ni raíces visibles. “Pasar de ser el nieto de tía Francisca a un lugar donde nadie te conocía… La emigración es una cosa muy dura. Y eso es Extremadura”, reflexiona Cercas.

Hoy, Cercas reconoce que su vida es fruto del desarraigo, como la de muchos extremeños y españoles de los años 60 que tuvieron que abandonar su tierra en busca de futuro. En pueblos como Ruanes, más del 90% de la población se fue, dejando atrás recuerdos, historias y, sobre todo, vínculos. “Hay personas que son víctimas del desarraigo toda su vida, como mi madre. Otros somos el fruto” concluye.