Badajoz
12 Febrero 2021, 21:48
Actualizado 12 Febrero 2021, 21:48

A las nueve de la noche de un viernes de Carnaval, el teatro López de Ayala estaría abriendo sus puertas para recibir a un público hambriento de risas para la final del concurso de murgas. Pero este viernes de pandemia las butacas están vacías y sobre el escenario solo está Toni Martín, la regidora del certamen a la que hemos llamado para una entrevista.

"Estoy al revés. Cuando venía para el teatro estaba pensando que me iba a encontrar con la puerta abarrotada de público por el desfile infantil -nos cuenta la regidora- Es un día raro y muy triste". Pero Toni no es la única que hoy hoy se queda huérfana de murgas sobre el escenario. 

Sin maquillaje ni decorados

Elisabeth Lavado, maquilladora de Las Chimichurris, recuerda con nostalgia cómo vivió su última noche en el López. "Yo sólo tenía nervios, estuve maquillando durante doce horas a las 17 participantes, y sólo pensaba que llegue a tiempo, que llegue a tiempo... Hoy es un día muy triste", reconoce Elisabeth. 

Javier García trabaja en Artedeba, la empresa que se encarga de montar los decorados de las murgas. Pero este año en lugar de escenarios, ha estado instalando las esculturas que el ayuntamiento de Badajoz ha ubicado en algunas calles para rendir homenaje al carnaval por su 40 aniversario. 

"Al final las dos cosas son decorados, pero el calor del teatro, el ambiente de ver ese escenario lleno, el orgullo de que a las murgas les guste el resultado de sus escenografías... Todo eso se ha perdido este año", reconoce Javier. 

Todo volverá

El sentimiento es compartido por todos los profesionales que trabajan durante tres semanas en el López de Ayala para que el concurso de murgas se desarrolle sin problemas sobre el escenario. Unas tablas que hoy están mudas de guitarras, voces y sonrisas, pero que volverán. Porque no hay virus que pueda robar el sentimiento carnavalero de toda una ciudad.  

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