FESTIVAL DE TEATRO DE BADAJOZ

Dysphoria: aprender a decir Alex cuando la policía ya llama a la puerta

Gema Matarranz es madre, hijo, fiscal, psicóloga y abogada en un monólogo sobre un adolescente trans y el sistema judicial que podremos ver en el Festival Internacional de Teatro de Badajoz

Cultura

Cedida Dysphoria

20 Octubre 2026, 12:18 | Actualizado 20 Octubre 2026, 13:41

Hay palabras que se aprenden tarde y de golpe. Piensen en una cocina cualquiera, un día cualquiera, y en una madre que tiene que pronunciar por primera vez un nombre que no eligió ella. Álex. Cuatro letras. Una de ellas es esa equis que en tantos formularios marca el sitio donde hay que firmar, o la incógnita que nadie despeja o, durante mucho tiempo, un género indeterminado: todxs. Una madre puede pasarse dieciséis años diciendo "mi hija" y descubrir, en una sola tarde, que la gramática también se rompe. 

El programa de mano de Dysphoria trae un glosario. Binder: la faja que comprime el pecho. Packer: el relleno que simula un pene. Transdr: una aplicación de citas. Y disforia, definida a secas como un estado de ánimo de tristeza, ansiedad o irritabilidad. Uno lee esa lista y entiende que hay obras que necesitan repartir diccionario antes de que se apague la luz (y que la distancia entre una madre y un hijo adolescente se mide también en vocabulario). El título no dice "disforia de género". Dice solo disforia, lo contrario de la euforia. Y deja la pregunta en el aire: ¿de quién es el malestar? ¿Del chico que no cabe en su cuerpo o de la mujer que no cabe en la noticia?

La historia la firma María Goiricelaya para Histrión Teatro, la compañía granadina de Gema Matarranz y Nines Carrascal. Una madre en shock. Una terapia que no alcanza. Unos grupos de sensibilización que no sensibilizan lo suficiente. Y cuando todavía tropieza con el nombre nuevo, la policía llama a la puerta y acusa a Álex de abuso sexual. Goiricelaya escribe ficción documental y toma como punto de partida casos reales de fraude de género juzgados en el Reino Unido. Su nota de dirección y de autoría lleva un título que suena a parte oficial de defunción: Españoles, el sexo ha muerto. Como Franco. Ahí está la ironía. Y ahí está también el miedo, que en este país siempre ha venido con voz de comunicado.

Dysphoria

No es la primera madre que Goiricelaya sube a un escenario. Ya puso en pie la Madre Coraje de Brecht, aquella mujer que negocia con la guerra mientras la guerra se le va comiendo a los hijos. La de Dysphoria negocia con algo menos ruidoso y más frío: un juzgado, una fiscal, una ley con grietas. Y lo hace sin red. Gema Matarranz está sola durante ochenta minutos. Es la madre, es Alex, es la fiscal, es la abogada y es la psicóloga y pasa de un cuerpo a otro en un segundo, sobre una plataforma que va marcando el compás. Ella misma ha contado que lo más delicado es la contradicción de esa madre, que enseña un sentimiento mientras por dentro le empuja el contrario. Cualquiera que haya querido a alguien sabe de qué va eso.

Lo que la obra no hace es decirnos qué pensar. "Te contamos lo que pasa y tú decides", resume la actriz. Es un gesto arriesgado en un tema donde casi todo el mundo llega con la sentencia escrita de casa. La función llega al 49 Festival Internacional de Teatro de Badajoz este miércoles 21 de octubre, a las 21:00 horas, en el Teatro López de Ayala. Volverá a Extremadura en enero, a Montijo y Plasencia.

Cuenta Matarranz que, cuando terminan los aplausos, en la sala se queda el silencio. Y que los chicos trans adolescentes, en plena transición, le dicen: "Me he visto".