CICLO DE MÚSICA ACTUAL

Una sala de espera en Badajoz: nueve conciertos para escuchar lo que todavía no tiene nombre

El XVIII Ciclo de Música Actual va del 23 de octubre al 7 de abril con estrenos absolutos, un Falla desde el jazz, el último Grisey y una instalación sobre el miedo y la manipulación política

Cultura

Cedida Ciclo de Música Actual

19 Octubre 2026, 10:55 | Actualizado 19 Octubre 2026, 12:31

Una sala de espera no tiene música. Tiene un zumbido (el de la luz, el de la máquina de los turnos, el de uno mismo) y una silla que nunca es la que uno habría elegido. Nadie se sienta en una sala de espera por gusto. Se sienta porque algo que no controla está a punto de decidirse. Les hablo de salas de espera porque el 10 de marzo habrá una en Badajoz, y porque es la puerta por la que me apetece entrar en un ciclo que lleva dieciocho años empeñado en que no estemos cómodos.

Hay, pienso, una tendencia muy extendida a tratar las salas de concierto como si fueran... yo qué sé, balnearios: espacios seguros donde refugiarse del ruido cotidiano a cambio de no exigirle absolutamente nada al oído. Qué bonito, Beethoven. Bueno, puede ser bonito, pero sobre todo es profundo. A Beethoven estamos acostumbrados, pero nos irrita la disonancia: no porque carezca de rigor o de belleza, sino porque demanda una atención analítica que casi nadie está dispuesto a concederle hoy a una partitura. Estamos acostumbrados a consumir música como un mero fondo ambiental: de hecho, ahora mismo, mientras escribo, suena Zach Bryan en el ordenador. Pero vamos a hablar del momento en que una obra contemporánea nos obliga a escuchar el timbre, el grano y la tensión de los materiales y decimos aquello de "yo es que esto no lo entiendo". No hace falta entender. 

Lo mismo solo hace falta sentarse en la sala de espera. Se llama I dreamt of fire (‘Soñé con fuego’) y la firman la austríaca Marie Delprat y el artista visual Tom Lane en la Sala Off Cultura. El público se sienta dentro de la escenografía, observador y observado a la vez, mientras los paisajes sonoros, la música electrónica y unas imágenes que evolucionan van desestabilizando el espacio poco a poco, hasta la tensión y la desorientación. Dicen sus autores que exploran el miedo como emoción primitiva y como instrumento político de control, pero también como posibilidad de reconectar y de transformarse en colectivo. La entrada cuesta 5 euros, precio único. Cinco euros por que a uno le recuerden que tiene miedo. (Hay gangas peores.)

Y el miedo, ya se sabe, es pariente cercano de la muerte, que es el asunto del 3 de abril en el Teatro López de Ayala. El Ensemble Sonido Extremo y el Vertixe Sonora Ensemble, quince músicos dirigidos por Jordi Francés y la soprano belga Sarah Defrise, interpretan Quatre chants pour franchir le seuil (‘Cuatro canciones para cruzar el umbral’), la última obra de Gérard Grisey, escrita entre 1996 y 1998. Es una meditación sobre la muerte en cuatro partes: la del ángel, la de la civilización, la de la voz y la de la humanidad. Los textos vienen de cuatro civilizaciones (la cristiana, la egipcia, la griega, la mesopotámica) y comparten un único discurso: la inevitabilidad. El programa incluye además el estreno absoluto de una obra de Mikel Urquiza, encargo del CNDM. 

Entre un umbral y otro, el ciclo se permite algo que se parece a la ternura. El 17 de noviembre, también en el López de Ayala, el compositor y pianista Moisés P. Sánchez, con la violinista Ana María Valderrama y el contrabajista Pablo Martín Caminero, revisita a Manuel de Falla desde el jazz, la armonía moderna y la improvisación, en el 150º aniversario del nacimiento del compositor gaditano. Habrá arreglos de las Siete canciones populares españolas, de La vida breve, de la Danza ritual del fuego y de Nocturno, y una Suite imaginada del propio Sánchez. 

El resto es una geografía de formatos que no caben en el concierto de siempre: la percusión portuguesa de Kodu Percussion Group, que inaugura el 23 de octubre en el MEIAC con cinco obras que se oirán por primera vez en España; el insólito dúo de trombón y acordeón Hava Dúo; el saxofonista Ismael Arroyo y el pianista Eduardo Moreno, extremeños los dos, que el 11 de diciembre en el salón noble de la Diputación estrenan a Jesús Torres, Jorge Tabarés y Katrina Penman y se atreven con la Rhapsody in Blue; el Ensemble Neoars Sonora poniendo música en directo a Buster Keaton el 22 de enero en la RUCAB; el pianista Daniel Bertomeu y sus Cuadros de una exposición el 19 de febrero; y el cuarteto de saxofones Kebyart cerrando el 7 de abril en el MEIAC con dos estrenos absolutos, de Fran Barajas y Gérard Pesson.

Organiza la Sociedad Filarmónica de Badajoz, en coproducción con el Centro Nacional de Difusión Musical. Para sus socios, la entrada es gratuita. Todos los conciertos empiezan a las 20:00. Falta saber quién se atreve a sentarse. Mantener esta cita durante dieciocho ediciones desde la periferia ibérica (añadimos) no es un trámite de gestión cultural; es una obstinación necesaria. Y no es la única que realizan. Suertudos nosotros.