MEDALLA DE EXTREMADURA

José María Núñez: el activista que cambió Extremadura

Tres décadas de activismo, conquistas sociales y generosidad inagotable detrás de la figura clave del movimiento LGTBIAQ+

Extremadura
José María Núñez: el activista que cambió Extremadura

Canal Extremadura José María Núñez: el activista que cambió Extremadura

2 Septiembre 2026, 08:03 | Actualizado 2 Septiembre 2026, 08:33

¿Saben eso que pasa a veces de que una persona, sola, se convierte en motor para cambiar toda una región? ¿Y para cambiar todo un país? Esa persona se llama José María Núñez Blanco y ha contribuido, mucho, a que Extremadura y España sean lugares más seguros y más amables para la gente que no era como los demás.

Los demás eran heterosexuales y cisgénero. Los otros eran invertidos y desviados. Tan invertidos y tan desviados que acababan largándose a Madrid, como ahora hacen los hombres chinos hacia Europa porque, ya lo decía Didier Eribon, siempre es el heterosexual el que dice cómo ha de ser el homosexual: si ha de ser discreto o no, tener o no pluma y cómo debe comportarse.

Josemari se pudo ir, pero se quedó. Se fue de Barcarrota, eso sí, ahora vive en Badajoz, pero es que es profesor de la Universidad de Extremadura y él no tiene carnet de conducir: imaginen la odisea. De todos modos, de los pueblos uno nunca se marcha: "¿Dónde estás?" "En Barcarrota". Y zas, foto de Agosto.

Agosto es la gata que vive con él y ya sabemos que la gente con gatos es la gente mejor.

 

 

José María Núñez: el activista que cambió Extremadura

 

¿Qué ha hecho Josemari para que le den la Medalla de Extremadura? Cambiar las cosas. Creó la primera asociación LGBT, "De par en par", que luego devino en Fundación Triángulo Extremadura, que ahora preside a nivel nacional después de haber estado al frente de la extremeña unas décadas. Tres. Es la primera vez que se premia esta causa y yo no puedo parar de pensar en lo tarde que llegan los políticos a muchas cosas. Gonzalo Hidalgo Bayal también anda sin medalla: incomprensible.

 

José María Núñez: el activista que cambió Extremadura

 

Los años difíciles del activismo 

"De par en par" nació en 1996. El año 1996 marcó un punto de inflexión absoluto, un antes y un después histórico, en la pandemia de sida. Por un lado, fue el año en el que se registró el pico máximo de nuevas infecciones a nivel mundial; por el otro, fue el año en el que la epidemia pasó de ser una sentencia de muerte casi segura a una condición crónica controlable.

Y aquí tenemos que nombrar, también, a Agustín Muñoz Sanz, el primer coordinador regional del sida en Extremadura, que lideró la respuesta asistencial y clínica desde los momentos más duros y complejos de la epidemia en los años ochenta y noventa, cuando la enfermedad carecía de tratamientos eficaces.

Porque una persona puede cambiar una comunidad y un país y otros países, pero nunca, jamás, puede hacerlo sola.

Con todo en contra (la policía les arrancaba los carteles de las paredes porque pensaban que era un ciclo pornográfico), montó, y llegó a dirigirlo antes que Pablo Cantero, el Festival de Cine Gay y Lésbico de Extremadura, que se inauguró con "El celuloide oculto", en el tiempo en que nadie apoyaba, pero Miguel Murillo sí. Les abrió las puertas del López de Ayala.

Han hecho activismo poniendo mesas en todos los pueblos, donde la gente se acercaba con más miedo que vergüenza; van a institutos de enseñanza secundaria. Enseñan a no odiar. Y a entender. Como hicieron, por ejemplo, con Elsa cuando tenía cuatro años (ahora es una adolescente tremendamente guapa y amorosa). Montaron Los Palomos y ahora es una cita cultural imprescindible que ha transformado también el paisaje urbano de Badajoz.

 

De Extremadura al ámbito internacional

Hace menos tiempo, unas pocas personas de asociaciones de toda España negociaron la Ley Trans con un PSOE hostil que no quería darle a las personas trans todos los derechos que merecen, porque Carmen Calvo es tránsfoba (esto se saldó con la salida de Carla Antonelli del partido). Cedieron en algunas cosas para que saliera adelante porque eso es lo que ocurre en las conversaciones: que se agacha la cabeza porque la primera piedra del edificio es importante.

"Muchísimas personas trans sufrieron mucho por eso: esa herida no está cerrada", dice Josemari.

Peleó, además, el matrimonio igualitario: miren las fotos de la tribuna del Congreso de aquel día. O la Ley LGBTI de Extremadura, que se aprobó por unanimidad y que se llama, en realidad, "Ley 12/2015, de 8 de abril, de igualdad social de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales y de políticas públicas contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género en la Comunidad Autónoma de Extremadura".

Y ha contribuido, también, a que, en otros países, la situación de las personas LGBTIAQ+ esté bastante mejor.

Otros países, sí. Porque la lucha por los derechos humanos es la lucha de todos. Por esa cooperación internacional, algunos tenemos la suerte de haber incorporado a gente como Wilson Castañeda a nuestra vida. O queremos, aunque no le hayamos conocido, a Miguel Ángel Sánchez, que le salvó la vida a mucha gente.

Que, ojo, Castañeda y Núñez presiden (2024-2026) la Equal Rights Coalition, un organismo intergubernamental integrado por 44 Estados miembros dedicado a la protección de los derechos de las personas en el mundo.

Este trabajo le salva la vida a mucha gente. Literalmente: ojalá esto fuera una frase hecha o una hipérbole bonita: no lo es. José María Núñez le ha salvado la vida a mucha gente.

 

Una figura clave para entender la evolución social de Extremadura

En los 90 todo esto que contamos no era nada fácil. "Era otra Extremadura", decía él. Cuando crearon De par en par estaba en vigor la Ley de Peligrosidad Social y todos sabemos qué pasaba en la cárcel de Badajoz y quiénes estaban allí.

Josemari ya estaba en Cruz Roja, en Amnistía: no llegaba nuevo al activismo. Cuando planteaban la creación de una asociación LGBT en Extremadura, la gente tenía miedo. De hecho, un día que iba con su novio de entonces por la calle Martín Casado, una señora se santiguó y salió corriendo.

La primera vez que le vi fue en el Arrabal, en una de las primeras, creo que la primera, tímidas concentraciones por el Orgullo que se hicieron en Badajoz. Yo no conocía a nadie, pero fui. Había ilusión y había alegría y, por eso, tengo la imagen grabada en la cabeza: porque había ilusión y había ganas y era bueno y bonito contribuir a que la gente fuera quien era.

Abrió camino y los sigue abriendo: dirige la Oficina de Atención a Personas LGBTIAQ+ de la Universidad de Extremadura, la misma universidad en la que alguien le dijo que no podía ser profesor porque era gay, la misma a la que acudía hace treinta años y donde el primer día de clase decía: "Soy maricón. Porque os lo van a decir por ahí, así que lo digo yo". Eso me lo contó una amiga mía.

Su labor ha posibilitado que hayan surgido otras asociaciones en la región, en varias ciudades.

Todo eso lo ha hecho gratis.

Lo ha hecho gratis, pero le ha costado mucho: le ha costado carrera profesional, le ha costado problemas personales (que no voy a contar, pero no han sido pocos), le ha costado, imaginen, todo lo que le puede costar algo a un hombre gay visible hace cuarenta y pico de años en una comunidad como la extremeña.

No sé si muchos de nosotros, ustedes y yo, hubiéramos sido tan fuertes, pero qué tremendamente poderoso es tener una convicción. Que nadie se vaya de su tierra porque no puede vivir la vida que quiere. Que otros no sufran lo mismo en otros países del mundo. Y nos vamos a Colombia y nos vamos a Haití y a Canadá y a Holanda y al Parlamento Europeo. Y sigue embarcándose en proyectos de riesgo.

También sigue negociando como nadie, con ilusión, con compromiso: "sin estruendo", como dice Silvia Tostado, presidenta de Fundación Triángulo Extremadura.

"Creo que muchas cosas en el activismo y en la conquista de los derechos LGBT han pasado porque es capaz de hablar con todo el mundo y pelear en los momentos en los que tú dirías: 'Vamos a descansar'". Eso lo destaca Pablo Cantero.

No hay ningún país del planeta en el que las personas del colectivo LGBTIAQ+ no hayan sido perseguidas.

Crearon una asociación para existir.

Para ser visibles.

Para que Extremadura fuera una tierra de acogida.

Era común que mucha gente migrara o que se casara con alguien de distinto sexo: lo que antes se llamaba "para aparentar", como si aparentar hubiera sido fácil y no una renuncia. Eran gays y eran lesbianas (menos).

"Cuando la primera persona trans vino a la asociación, eso me confrontó con una realidad que no había contemplado hasta entonces, porque no conocíamos a personas trans".

Repito: eran otros tiempos. No había tanta pedagogía social. De hecho, sigue estando en riesgo la autodeterminación de las personas trans. La lucha no ha acabado y no todo el mundo va a pelear tanto. Miren hacia Andalucía.

Tampoco ha acabado la lucha porque, en el espacio privado, continúan diciéndose dobles mensajes, que hacen mucho daño. Esos "eres gay o lesbiana o trans y te quiero, pero me gustaría que no hubiera sido así".

Esto pretende ser un perfil, pero, disculpen, este señor se vino de Lisboa pitando (o de donde sea, que no me acuerdo, sin carnet de conducir, insisto) en cuanto murió mi padre. A este señor le he mandado ríos de conversaciones de WhatsApp para que me dijera qué hacer. Desayuno, como, ceno y paseo con este señor cuando tenemos oportunidad. Nos hacemos una foto todos los Fancinequeer con sus manitas de obispo (siempre posa con manitas de obispo).

Y por eso, porque lo conozco y porque es mi amigo, sé que es, en el buen sentido de la palabra, un hombre bueno y un hombre generoso y un hombre justo.

Y eso, medallas o no, es lo mejor que se puede decir de alguien.

 

José María Núñez: el activista que cambió Extremadura