12 Abril 2026, 21:25
Actualizado 12 Abril 2026, 21:52

El invierno 2025-2026 ha estado marcado por un episodio de lluvias claramente excepcional en gran parte de España, con acumulados muy superiores a la media climática. Según datos de la AEMET, el periodo fue calificado como muy húmedo o incluso extremadamente húmedo en amplias zonas del país, con precipitaciones que, en algunos momentos, duplicaron o incluso triplicaron los valores normales. Entre enero y principios de febrero se registraron de media unos 193 l/m², frente a los 80 l/m² habituales, reflejando la magnitud del episodio.  

Este exceso de lluvias tuvo un impacto directo en los recursos hídricos. Los embalses experimentaron un aumento histórico, con un incremento semanal de más de 5.600 hectómetros cúbicos, el mayor desde finales de los años 80, alcanzando niveles superiores al 77% de su capacidad. Sin embargo, esta recuperación vino acompañada de efectos adversos: la saturación del suelo impidió absorber más agua, aumentando la escorrentía y el riesgo de inundaciones, lo que obligó a realizar desembalses preventivos en varias cuencas.  

Las consecuencias sobre el terreno fueron significativas. Varias borrascas encadenadas, especialmente la borrasca Leonardo, provocaron lluvias torrenciales que dejaron registros superiores a 500 mm en zonas como Grazalema y desbordamientos de ríos en múltiples cuencas. Se activaron avisos rojos de la AEMET y se produjeron inundaciones generalizadas, con más de 100 carreteras cortadas, interrupciones ferroviarias y miles de personas desalojadas. Solo en Andalucía se evacuó a más de 3.500 personas y numerosos municipios quedaron aislados por la crecida de los ríos.  

Este episodio no puede explicarse únicamente por la variabilidad natural. La persistencia de borrascas atlánticas, favorecida por patrones de teleconexión como fases negativas de la NAO, creó un escenario de lluvias continuadas, pero el calentamiento global añade un factor clave: una atmósfera más cálida retiene más humedad, lo que intensifica las precipitaciones. La evidencia científica indica que los extremos de lluvia son cada vez más frecuentes e intensos, lo que sugiere que eventos como este, aunque excepcionales, podrían repetirse con mayor frecuencia en el futuro. 

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