HISTORIA

El giro que convirtió al Arco de la Estrella en una puerta única

La reforma del siglo XVIII transformó una antigua entrada de la muralla y dejó una de las soluciones arquitectónicas más singulares de Cáceres

Canal Extremadura Esta emblemática puerta del siglo XVIII, diseñada por Manuel de Lara Churriguera, da la bienvenida a la Ciudad Vieja, Patrimonio de la Humanidad

1 Septiembre 2026, 09:32 | Actualizado 1 Septiembre 2026, 09:49

Es una de las imágenes más reconocibles de Cáceres. El Arco de la Estrella recibe a quienes acceden a la Ciudad Monumental desde la Plaza Mayor y conduce hasta uno de los conjuntos históricos más importantes de Extremadura. Pero basta con detenerse unos segundos bajo su bóveda para descubrir algo llamativo: la puerta no sigue una línea recta.

Su trazado resulta extraño a primera vista. El acceso parece girarse sobre sí mismo y la bóveda adopta una disposición poco habitual. No es un error ni una rareza fruto del azar. La peculiar geometría del arco responde a una necesidad muy concreta.

Para entenderla hay que retroceder hasta la historia de esta entrada. El actual Arco de la Estrella ocupa el lugar de la antigua Puerta Nueva, uno de los accesos abiertos en la muralla cacereña para comunicar el recinto intramuros con la zona de la Plaza Mayor.

La configuración que conocemos hoy corresponde a la reforma realizada en 1726 por Manuel de Lara Churriguera. El arquitecto transformó aquella entrada y creó un acceso monumental de estilo barroco, pero tuvo que trabajar con una condición que no podía cambiar: la propia muralla y el trazado de las calles que la rodeaban.

Ahí aparece la clave de su forma.

El arco fue concebido en esviaje, es decir, con el paso dispuesto de manera oblicua respecto a la muralla. Esta solución permitía resolver el acceso aprovechando el espacio disponible y, sobre todo, facilitaba el giro de los carruajes que entraban en la ciudad.

La explicación adquiere todavía más sentido si se imagina la Cáceres del siglo XVIII. La Ciudad Monumental conservaba un trazado medieval, con calles estrechas y una muralla que condicionaba completamente los accesos. Los vehículos de la época no podían maniobrar como lo harían hoy. Una entrada recta y convencional no era necesariamente la opción más práctica.

Por eso, la arquitectura se adaptó al movimiento. La peculiar curvatura del acceso permite que los carruajes puedan realizar el giro necesario para atravesar la puerta sin encontrarse con un obstáculo frontal.

Pero la reforma de Lara Churriguera no se limitó a resolver una cuestión práctica. El acceso adquirió también una importante carga ornamental. En la parte interior se encuentra la imagen de la Virgen de la Estrella, colocada en una hornacina, que terminó dando nombre a la puerta.

El resultado fue una combinación muy característica del siglo XVIII: una solución funcional convertida en elemento monumental. La necesidad de adaptar el acceso al espacio existente terminó dando lugar a una de las puertas más singulares de Cáceres.

Y esa es precisamente la curiosidad que puede pasar desapercibida cuando se cruza camino de la Plaza de Santa María. El Arco de la Estrella parece extraño porque tenía que resolver un problema real de la ciudad. Su forma no busca únicamente sorprender: permite entender cómo Cáceres fue transformándose sin renunciar al trazado que había heredado de siglos anteriores.

Hoy, ese giro que en su día facilitó el paso de carruajes se ha convertido en una de las características que hacen inconfundible a la entrada de la Ciudad Monumental.

Una puerta que, en lugar de obligar a la ciudad a cambiar, encontró la manera de adaptarse a ella.