En Monterrubio de la Serena, la pareja formada por Enrique y Rosa ha puesto en marcha la Granja Ovorrubio, un proyecto que nació en 2022 con una idea clara: producir huevos camperos de la forma más natural posible y tratar de vivir del campo sin renunciar a la identidad rural.
“Estamos aprendiendo mucho”, reconocen. Pero lo importante, dicen, es otra cosa: “conseguir vivir de lo que queríamos”.
Gallinas en libertad en plena dehesa
El proyecto se apoya en un modelo de producción extensivo. En total, la granja cuenta con unas 2.000 gallinas rojas ponedoras y alrededor de 120 gallinas extremeñas azules, una variedad autóctona que, pese a su nombre, no es uniforme: presenta plumajes en tonos grisáceos, negros y blanco roto, con patas pizarrosas y una gran capacidad de adaptación al entorno.
Durante el día, las aves salen y entran libremente a los corrales y a los espacios exteriores de la dehesa. Por la noche, son recogidas por seguridad. Un sistema que busca, en palabras de sus impulsores, “la producción más natural posible”.
Un huevo que mira al pasado
El producto estrella es el huevo campero, pero con una filosofía muy concreta: acercarse al recuerdo del huevo de pueblo, al sabor de la infancia en el entorno rural.
Los huevos de gallina extremeña azul, explican, son algo más pequeños —en torno a los 63-65 gramos—, pero destacan por una yema más densa y un sabor más concentrado.
“Es el huevo que más se parece al de tu abuela cuando ibas al pueblo”, resumen desde la explotación.
Control, selección y trazabilidad
Antes de llegar al consumidor, los huevos pasan por un proceso de clasificación por tamaño y control de calidad. Mediante luz, se eliminan aquellos que puedan estar dañados y posteriormente se sellan con un código de productor único, lo que garantiza la trazabilidad completa del producto desde la granja hasta el punto de venta.
Es un sistema que, explican, responde también a las exigencias del mercado actual, donde el consumidor demanda cada vez más información sobre el origen de lo que come.
Producto de proximidad en crecimiento
La aceptación, aseguran, está siendo creciente, especialmente en el mercado de proximidad. El consumidor busca cada vez más productos locales, con identidad y con una historia detrás.
En ese contexto, la Granja Ovorrubio se presenta como un proyecto que combina tradición, sostenibilidad y emprendimiento rural.
Mirando al futuro
El objetivo ahora no es crecer a cualquier precio, sino consolidar lo que ya han construido: mantener el núcleo de gallinas autóctonas y seguir viviendo del campo.
“Seguimos luchando”, resumen Enrique y Rosa. Una frase que, en el fondo, condensa la realidad de muchos proyectos rurales en Extremadura: resistencia, adaptación y apuesta por quedarse.