OFICIOS
Trabajar dentro de una pequeña garita en un tren en marcha: el difícil trabajo de los guardafrenos
Laura es nieta de uno de estos trabajadores y tercera generación de una familia ligada al ferrocarril. Ella nos cuenta los secretos de una complicada y desaparecida profesión
Canal Extremadura Un grupo de maquinistas y ferroviarios posan con orgullo sobre una imponente locomotora de vapor de principios del siglo XX
Hoy para muchos es día de vuelta a la rutina. Madrugones, horarios, trabajo... Después de las vacaciones, cuesta arrancar. Pero hubo trabajadores para los que una jornada laboral significaba pasar horas en una diminuta garita, dentro de un tren en marcha, sin apenas comodidades y con una enorme responsabilidad.
Eran los guardafrenos.
Laura es nieta de uno de ellos y pertenece a la tercera generación de una familia vinculada laboralmente al ferrocarril. A través de la historia de su abuelo podemos acercarnos a una profesión que hoy cuesta imaginar.
Un puesto de trabajo dentro del tren
Antes de que los trenes incorporaran los sistemas de frenado automáticos, la tarea de detener o reducir la velocidad de un convoy dependía en gran parte de ellos. Su puesto estaba en pequeños habitáculos situados en determinados vagones. Eran espacios reducidos y sin las condiciones de confort que hoy asociamos a un puesto de trabajo.
Desde allí tenían que permanecer atentos durante todo el trayecto y seguir las indicaciones del maquinista quién, cuando era necesario reducir la velocidad, accionaba el freno de la locomotora y daba las órdenes correspondientes. Los guardafrenos tenían entonces que actuar sobre sus propios mecanismos: giraban los husillos y apretaban las zapatas contra las ruedas. Todo mientras el tren continuaba avanzando.
Aquel sistema tenía importantes limitaciones. Los distintos puntos de frenado no podían coordinarse con la precisión de los sistemas actuales, y el uso frecuente de los frenos provocaba además desgaste en ruedas, zapatas y carriles. Por eso, la experiencia y la atención de los guardafrenos eran fundamentales.En situaciones de emergencia podía recurrirse incluso al contravapor, una maniobra de frenado muy enérgica que podía resultar peligrosa para la propia locomotora. Nada que ver con la suavidad y precisión con la que hoy pueden reducir su velocidad.
El oficio de guardafrenos existió desde los inicios del ferrocarril en el siglo XIX hasta principios del siglo XX, desapareciendo de forma progresiva con la llegada de los sistemas de frenado continuo, automático y de vacío. Pero permanece en la memoria de quienes lo ejercieron y, como en el caso de Laura, de sus familias. Su abuelo fue uno de aquellos hombres que pasaronn buena parte de su jornada en un pequeño habitáculo, atentos a las órdenes del maquinista y preparados para actuar.