MITO
Cancho Roano, ¿la Atlántida extremeña?
El yacimiento tartésico de Zalamea de la Serena, incendiado y enterrado hace más de 2.000 años, alimenta una de las teorías más fascinantes relacionadas con la ciudad perdida de Platón
Canal Extremadura Los círculos concéntricos de la estela de Cancho Roano han alimentado la teoría que relaciona el yacimiento con la Atlántida de Platón.
En el corazón de La Serena, en el término municipal de Zalamea de la Serena, se encuentra uno de los conjuntos arqueológicos más fascinantes de Extremadura. Cancho Roano es un complejo monumental de la cultura tartésica cuya construcción comenzó a mediados del siglo VI a. C. Más de dos milenios después, sus muros rectangulares protegidos por un profundo foso de agua continúan planteando enigmas sobre quiénes lo levantaron, qué función desempeñó y, sobre todo, por qué sus habitantes decidieron destruirlo de manera tan deliberada.
El yacimiento no sufrió un abandono fortuito. A finales del siglo V o comienzos del IV a. C., el edificio principal fue escenario de ceremonias de clausura que incluyeron sacrificios y banquetes rituales. Posteriormente, los tartesios prendieron fuego al recinto y lo cubrieron completamente con tierra, sellando el lugar para siempre bajo un túmulo artificial. El motivo exacto de este monumental "autoentierro" sigue siendo una de las grandes incógnitas de la arqueología peninsular.
Durante décadas se discutió si Cancho Roano funcionó como santuario, palacio fortificado o centro de redistribución comercial. En su interior, los arqueólogos hallaron un elemento icónico: una losa con forma de tau o piel de toro (a menudo asociada también a un símbolo de ánfora), situada estratégicamente en el corazón del santuario principal, que refleja la compleja religiosidad del Mediterráneo oriental traída por la influencia fenicia.
Es precisamente este esplendor tartésico el que, durante el siglo XX, llevó a conectar el enclave con una de las leyendas más fascinantes de la Antigüedad: la Atlántida.
A raíz de las hipótesis planteadas por el arqueólogo alemán Adolf Schulten —quien identificó la civilización de Tartessos con la mítica ciudad descrita por Platón—, el origen del mundo tartésico se rodeó de una pátina de misterio. Algunos autores quisieron ver en las estelas de guerrero y en los fosos concéntricos de ciertos asentamientos una correspondencia directa con la capital circular descrita en el Timeo y el Critias.
Sin embargo, la ciencia actual es categórica: no existe evidencia alguna que vincule Cancho Roano ni la cultura tartésica con el mito atlante. La relación pertenece al ámbito de la historiografía romántica y la divulgación popular, no al de la certeza arqueológica.
Lejos de la especulación, la historia real de Cancho Roano resulta por sí sola extraordinaria. Hoy sabemos que este sitio no es un fenómeno aislado, sino la punta de lanza de la presencia tartésica en la cuenca del Guadiana. Descubrimientos posteriores en yacimientos de la zona como La Mata (Campanario), Medellín y, de forma monumental, Casas del Turuñuelo (Guareña), han demostrado que el interior de Extremadura fue un polo político, económico y ritual de primer orden en el sudoeste peninsular.
Bajo los estratos de tierra de Zalamea de la Serena no se oculta una civilización perdida bajo el mar, sino el testimonio real de una cultura próspera y sofisticada que decidió sellar su propio legado antes de desaparecer. Una civilización real cuya arquitectura y rituales continúan asombrando a la arqueología moderna.