ENIGMA
El 'astronauta' de Casar de Cáceres
Una extraña estela de granito, con una figura de cabeza abombada, ojos almendrados y unos pies que parecen llevar botas, alimentó durante décadas la leyenda de un visitante de otro mundo
Canal Extremadura Algunos estudiosos han establecido un paralelismo entre la estela extremeña y la figura conocida como ‘El Astronauta’ de Nazca, en Perú
En el Museo de Cáceres hay una pieza que parece guardar más preguntas que respuestas. Se trata de una antigua estela de granito, de más de 2.000 años, cuya figura antropomorfa llama la atención por su peculiar aspecto: cabeza abombada, ojos almendrados, una enigmática sonrisa y unos pies que recuerdan a las botas de un astronauta.
Durante años, aquella extraña figura formó parte del paisaje cotidiano de Casar de Cáceres. Estaba encastrada en la cara exterior de uno de los muros del cementerio de la localidad, donde permaneció expuesta a la intemperie hasta que fue recuperada y trasladada al Museo de Cáceres.
Allí recibió un nombre que acabaría acompañándola para siempre: el ‘astronauta de Casar de Cáceres’.
La estela está tallada en granito y mide aproximadamente 1,12 metros de altura, 48 centímetros de anchura y 17 de grosor. La figura aparece representada de frente, aunque las piernas y los pies están girados de perfil. Tiene los brazos pegados al cuerpo, los hombros elevados, un largo cuello y unas piernas desproporcionadas y musculosas.
Su aspecto resulta especialmente llamativo por la cabeza, de grandes dimensiones en relación con el cuerpo, y por unos ojos estrechos que parecen acompañar a la enigmática sonrisa del personaje.
Pero la figura no es lo único que convierte a esta pieza en un enigma.
Sobre su cuerpo aparecen varios signos grabados que forman una inscripción cuya interpretación no ha sido resuelta por completo. El epigrafista Ricardo Hurtado de San Antonio fue uno de los investigadores que estudió la estela y planteó que aquellos caracteres podían corresponder a una lengua de origen céltico, lusitano o vetón, escrita mediante caracteres latinos.
Entre las diferentes lecturas propuestas aparece una palabra que sí ha podido identificarse: ILVCIA o ILUCIA. Su significado, sin embargo, tampoco está claro. Se ha relacionado con una posible divinidad o con el término latino lux, relacionado con la luz, aunque ninguna interpretación permite descifrar por completo la inscripción.
Una figura difícil de encajar
La singularidad de la estela también ha generado dudas sobre su cronología y su significado. A lo largo del tiempo se han planteado diferentes posibilidades, desde una pieza vinculada al mundo indígena prerromano hasta una creación realizada ya bajo influencia romana.
Para algunos investigadores, la figura podría representar a un guerrero o personaje de carácter funerario. Las estelas antropomorfas estaban relacionadas con el mundo de los muertos y podían servir como representación simbólica de quienes habían fallecido.
Sin embargo, las características de la pieza de Casar de Cáceres la convierten en una representación excepcional dentro de este conjunto. Su figura completa, su peculiar anatomía y, sobre todo, la inscripción que recorre su cuerpo la diferencian de otras estelas conocidas.
Y esa singularidad fue precisamente la que abrió la puerta a otras interpretaciones mucho más alejadas de la arqueología.
Del guerrero al astronauta
La apariencia de la figura hizo que comenzara a ser conocida popularmente como ‘el astronauta’. La cabeza, los ojos, el cuerpo y especialmente el calzado fueron comparados con la imagen que tenemos hoy de un cosmonauta. Y son varios los estudiosos que han establecido un paralelismo entre la estela extremeña y la figura conocida como ‘El Astronauta’ de Nazca, en Perú, convirtiendo a la estela de Casar de Cáceres en un icono dentro de los relatos sobre antiguos visitantes de otros mundos.
Una pieza que sigue haciendo preguntas
Lo fascinante de esta estela es precisamente que no necesita una explicación extraterrestre para resultar extraordinaria. Una comunidad de hace más de dos milenios decidió representar sobre un bloque de granito una figura de aspecto singular y acompañarla de una inscripción que todavía hoy plantea interrogantes.
Durante décadas permaneció integrada en el muro de un cementerio. Después pasó a las vitrinas de un museo. Y, con ella, también viajó una pregunta que continúa acompañando a la pieza: ¿a quién representa realmente aquella figura?
Hoy, el llamado ‘astronauta de Casar’ permanece en el Museo de Cáceres como uno de los objetos arqueológicos más singulares de la provincia. Quizá nunca sepamos exactamente qué quiso representar quien lo talló. Lo que sí sabemos es que más de 2.000 años después, aquella misteriosa sonrisa sigue desafiando a quien se detiene ante ella.