LEYENDA

La dama de blanco que sigue vagando en las aguas del Guadiana

Una antigua historia de Badajoz habla de una joven que desapareció en el río y que, desde entonces, regresa en las noches de luna llena al Puente de Palmas.

Una historia con nombre propio: el de la joven Leonor

Imagen generada con IA Una historia con nombre propio: el de la joven Leonor

28 Agosto 2026, 09:02 | Actualizado 28 Agosto 2026, 09:38

Cuando cae la noche sobre Badajoz, el Puente de Palmas cambia de aspecto. Las luces de la ciudad se reflejan sobre el Guadiana y, entre las sombras, la silueta del puente se pierde poco a poco en la oscuridad. Es entonces cuando vuelve a aparecer una vieja historia que durante generaciones ha alimentado la imaginación de los pacenses.

Hablan de una mujer vestida de blanco que se deja ver sobre el Guadiana, especialmente en las noches de luna llena. Algunos aseguran que permanece inmóvil sobre la superficie; otros que se acerca a quienes se aventuran hasta las inmediaciones de las pilastras. Su nombre es Leonor.

La tradición sitúa su historia en el Badajoz del siglo XIX. Leonor habría quedado huérfana después de que sus padres murieran ahogados al caer al río el carruaje en el que viajaban. Tras aquella tragedia quedó al cuidado de una tía y, con los años, conoció a un joven comerciante de Olivenza. Entre ambos nació una relación que debía mantenerse en secreto. Se encontraban junto al Puente de Palmas, lejos de las miradas de la ciudad, hasta que él dejó de acudir a las citas. Leonor descubrió entonces que aquel hombre ya tenía familia. La decepción terminó por convertirse en tragedia. Según el relato popular, una noche acudió al puente vestida de blanco y se arrojó al Guadiana a la altura de una de sus pilastras. Nunca se encontró su cuerpo.

A partir de ahí comienza la parte más inquietante del relato. Se cuenta que, desde entonces, su figura empezó a aparecer sobre la corriente. Una mujer de extraordinaria belleza, vestida de blanco y, en algunas versiones, con los ojos azules. A veces permanece en silencio; otras, dicen, entona una melodía que recuerda al canto de una sirena.

Pero no todas las versiones son tan amables.

Una de las historias más conocidas habla de un joven que decidió nadar hasta una de las pilastras del puente. Al regresar hacia la orilla habría visto a una mujer en medio del agua. Intentó alejarse, pero sintió cómo unas manos le sujetaban por los tobillos y tiraban de él hacia el fondo.

Sus amigos consiguieron rescatarlo. Aterrorizado, repetía que había visto a la mujer de blanco. La tradición añadió después un último detalle: las marcas de unos dedos habían quedado visibles en sus tobillos.

La Dama Blanca se convirtió en una de esas historias que sobreviven al paso del tiempo porque encuentran su escenario en un lugar que todos reconocen. El Puente de Palmas, el Guadiana y una mujer que nunca regresó a casa.

Quizá por eso todavía hay quien, al cruzar el puente de noche, mira de reojo hacia la corriente.

Por si entre los reflejos de la luna aparece una silueta blanca...