RELIQUIAS

La Sábana Santa del Monasterio de Guadalupe

El relicario guadalupense conserva una antigua copia de la Síndone de Turín cuyo origen está documentado y que durante siglos fue objeto de veneración

Canal Extremadura Antiguamente hubo dos Sábanas Santas en el relicario de Guadalupe. La documentación sobre la colección de reliquias recoge la existencia de ambas, pero una de ellas desapareció

26 Agosto 2026, 11:38 | Actualizado 26 Agosto 2026, 11:52

En el interior del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe se conserva una pieza que guarda una curiosa relación con uno de los objetos religiosos más famosos del mundo. No es la Sábana Santa de Turín, sino una antigua copia de la célebre Síndone, llegada hasta este santuario extremeño hace siglos.

A diferencia de la Sábana Santa de Plasencia, cuyo origen está rodeado de incógnitas, de la pieza de Guadalupe sí se conoce su procedencia. Fue traída desde Turín por don Carlos Margarita, ayuda de guardamayor de la infanta doña María, hija del emperador Carlos I.

La tela presenta una representación singular. Dos ángeles, uno en cada extremo, sostienen con sus manos el lienzo, sobre el que aparece dibujada en gris esfumado la figura del cuerpo. Las llagas, en cambio, aparecen representadas en color sangre.

No era una pieza destinada únicamente a ser contemplada. Durante siglos formó parte de la devoción del monasterio y antiguamente se ofrecía a la veneración de los fieles cada 30 de septiembre, festividad de San Jerónimo.

Y la historia todavía guarda una sorpresa.

Antiguamente hubo dos Sábanas Santas en el relicario de Guadalupe. La documentación sobre la colección de reliquias recoge la existencia de ambas, pero una de ellas desapareció con el paso del tiempo. La pieza que ha llegado hasta nuestros días es, por tanto, la que queda de aquellas dos Sábanas Santas que se custodiaron en el monasterio.

Pero la Sábana Santa no está sola en Guadalupe. La pieza forma parte de un conjunto de reliquias que el monasterio fue reuniendo a lo largo de los siglos. Para custodiar este patrimonio se levantó a finales del siglo XVI la Capilla de las Reliquias, también conocida como relicario, siguiendo el modelo del famoso Ochavo de la Catedral de Toledo. Las trazas fueron realizadas por Nicolás de Vergara el Mozo, que tomó como referencia el espacio toledano para crear en Guadalupe un lugar destinado a conservar y mostrar su particular tesoro.

Entre las piezas más destacadas se encuentra el Lignum Crucis, considerado tradicionalmente un fragmento de la cruz de Cristo. Su presencia ayuda a comprender la importancia que llegaron a adquirir las reliquias dentro del santuario guadalupense. Porque Guadalupe no fue únicamente un lugar de peregrinación vinculado a su Virgen. Durante siglos fue también un espacio capaz de reunir objetos sagrados procedentes de distintos lugares y relacionados con algunas de las figuras y episodios centrales de la tradición cristiana. Y entre todos ellos, la antigua copia de la Sábana Santa ocupa un lugar especialmente curioso.