Un informe del CSIC demuestra que la actual Política Agraria Común (PAC) concentra las ayudas en grandes explotaciones con escaso retorno social y ambiental. El estudio plantea corregir ese desequilibrio en la próxima PAC 2028‑2032, reforzando el segundo pilar y dirigiendo las ayudas hacia explotaciones medianas y pequeñas, la ganadería extensiva, la producción ecológica y el relevo generacional.
El informe elaborado por el CSIC analiza el reparto de las ayudas agrarias en España. La PAC moviliza cerca de 10.000 millones de euros al año y sostiene la renta de unas 630.000 explotaciones, pero el estudio concluye que su diseño actual genera desequilibrios claros.
Según el análisis, las explotaciones de mayor tamaño, con producciones próximas a los 500.000 euros anuales, representan el 2,2 % del total, pero concentran casi el 6 % de las ayudas por explotación. La mayoría aporta poco en términos sociales y ambientales y presenta una elevada fortaleza económica incluso sin subvenciones. En cambio, las explotaciones más resilientes social y ambientalmente, muchas de ellas lideradas por mujeres y jóvenes, dependen más de la PAC, pero reciben menos apoyo medio.
El origen de este desequilibrio estaría en el Pilar I, en los pagos directos ligados a la superficie, que beneficia a explotaciones de mayor dimensión. Frente a ello, el Pilar II, centrado en desarrollo rural, inversiones, incorporación de jóvenes y agricultura ecológica, se ajustaría mejor a los objetivos de resiliencia. Por eso, el CSIC propone reorientar la futura PAC hacia modelos que aporten más al territorio y al interés general.