22 Marzo 2026, 12:10
Actualizado 22 Marzo 2026, 14:32

Extremadura cerró la última campaña como la segunda comunidad autónoma con mayor producción de aceituna de mesa del país. Según datos de Cooperativas Agroalimentarias, hasta finales de enero la región ha alcanzado 94.000 toneladas, solo por detrás de Andalucía, que lidera con 396.000 toneladas.

Este peso en el sector también se refleja en la actividad investigadora que se desarrolla en la Universidad de Extremadura (UEx), donde varios grupos científicos trabajan en innovaciones destinadas a mejorar la calidad del producto y optimizar sus procesos de elaboración.

Investigación conectada con el sector

En los laboratorios universitarios, el profesor e investigador Joaquín Bautista-Gallego subraya la trascendencia del sector para la región: “Esto remarca la importancia del sector de la aceituna, no solo en Extremadura, donde somos el segundo productor nacional, sino también a nivel estatal”. Bautista-Gallego destaca que muchas líneas de estudio nacen del contacto directo con las empresas, que trasladan sus necesidades y orientan la dirección de nuevas investigaciones.

Uno de los proyectos científicos más avanzados tiene carácter nacional y busca desarrollar nuevas levaduras capaces de reducir significativamente el tiempo de fermentación.

El investigador David Penco explica: “Acelera mucho el proceso de fermentación. Procesos que pueden durar de dos a tres meses los puedes hacer en menos de un mes”. Penco añade que, tras obtener los datos experimentales en el laboratorio, su trabajo consiste en analizarlos y visualizarlos de forma intuitiva para evaluar su viabilidad industrial.

Un proyecto europeo para conservaciones más naturales

De forma paralela, la UEx participa en un proyecto europeo junto a universidades de Turquía, Túnez y Portugal, cuyo objetivo es lograr una aceituna más segura, reduciendo la sal en el envasado y minimizando el uso de conservantes antimicrobianos. La investigadora Patricia Gil explica: “Queremos conseguir una aceituna más segura, reducir la concentración de sal y anular o aminorar los compuestos antimicrobianos que se usan hoy en día”.

Una de las soluciones que están probando es una esponja biodegradable que se introduce en el envase y ayuda a absorber parte de los conservantes, permitiendo una conservación más natural. “El estudio analiza estas espumas en el proceso de envasado y su viabilidad en el mercado”, añade Gil.

Estos desarrollos podrían tener una transferencia directa al sector, abriendo nuevas vías para mejorar la producción, reducir tiempos y ofrecer aceitunas más saludables y sostenibles.

Para una región que es ya referencia nacional en volumen, la innovación se convierte ahora en una oportunidad para reforzar también su liderazgo en tecnología y calidad.