Dispositivo de búsqueda en Jarandilla de la Vera.
Jarandilla de la Vera vuelve a ser este fin de semana el escenario de una intensa batida para localizar a José Antonio, el hombre de 74 años desaparecido desde la noche del Jueves Santo. Se trata, en esta ocasión, de una búsqueda más técnica y especializada, alejada de los operativos masivos realizados en días anteriores, y centrada en peinar de forma minuciosa el entorno más cercano al municipio.
El dispositivo arrancaba a las 9:00 horas y se extenderá durante toda la jornada, con el objetivo de aprovechar al máximo las horas de luz. En caso de no obtener resultados, la búsqueda se retomará el domingo a la misma hora, con previsión de finalizar sobre las 18:00 o 19:00 horas en el día de hoy y sobre las 17:00 horas de mañana domingo.
En total, participan unas 30 personas en el operativo, llegadas desde distintos puntos del país como Granada, Valencia, Valladolid, Segovia, Badajoz o Cáceres, coordinadas por la Asociación de Guardias Civiles Solidarios y la Unidad de Salvamento y Rescate.
El director del operativo, José Cabrera, explica que la batida se centrará en la zona cercana al último punto donde una cámara de seguridad captó a José Antonio, en las inmediaciones de un hotel. “Iremos avanzando poco a poco por la zona donde apareció el mechero y hacia el pueblo siguiente. El mechero se encontró en un cruce de caminos y está pendiente de analizar restos biológicos, por lo que batiremos especialmente ese entorno”, detalla.
Drones y perros de búsqueda
El despliegue combina tecnología y equipos especializados. Hay un grupo a pie, dos equipos de drones que realizarán levantamientos fotográficos del terreno, tres perros de búsqueda entrenados tanto en la localización de personas vivas como de cadáveres y restos óseos, y cuatro personas con detectores de metales, para rastrear posibles objetos personales como llaves, cartera o teléfono móvil.
El piloto de dron Alfonso Blanco, llegado desde Valladolid, explica que su trabajo consiste en “hacer diferentes fotografías que luego se unen con un software para crear una panorámica detallada del terreno”, apoyando así a la unidad canina desplazada desde Cuéllar (Segovia). Por su parte, Albano Quintanilla, guía canino, señala que “el trabajo de los perros se basa en el olor, tenemos olores de referencia y nuestra misión es descartar zonas”.
El uso de la tecnología móvil es otro de los pilares del operativo. Todos los participantes llevan aplicaciones en sus teléfonos que permiten registrar los recorridos realizados, los llamados “tracks”, para saber con exactitud qué zonas han sido ya peinadas. La vicepresidenta de la asociación Subiendo Montañas, Alejandra Nora Puchi López, se encarga de coordinar desde el puesto de mando la logística, los avituallamientos aportados por el Ayuntamiento de Jarandilla y el control de esos recorridos. “Es fundamental para seguir descartando zonas”, subraya.
Entre los voluntarios se respira un fuerte componente emocional. Alfredo Fernández Vázquez reconoce que siente la obligación moral de participar. “Esa fotografía se me ha quedado en la cabeza y hay que buscar a José Antonio como sea”, afirma. Desde Granada ha llegado Jaime Miguel Ávila Aguilar, que trabaja con detector de metales para localizar posibles pistas que ayuden a reconstruir el recorrido del desaparecido.
"Es una pesadilla"
La familia sigue muy pendiente del operativo. María Domínguez Asensio, sobrina de José Antonio, explica que el objetivo es “encontrar cualquier rastro o pista” y reconoce que “si lo encontramos a él, sería maravilloso”. Agradece la implicación de voluntarios, Guardia Civil y Cruz Roja, pero admite que “es una pesadilla vivir esto”.
José Antonio desapareció mientras disfrutaba de unos días de vacaciones con un grupo de su centro. Desde aquella noche apenas un par de imágenes lo sitúan saliendo del pueblo, y desde entonces no se ha sabido nada más de él. Es sordo, emite sonidos pero no puede vocalizar con normalidad, por lo que no responde a llamadas. Aunque es una persona ágil, su edad, 74 años, preocupa a la familia.
Mide 1,68 metros y, en el momento de su desaparición, vestía vaqueros oscuros, camiseta o jersey de rayas azul marino, chaqueta de chándal roja con cremallera, chaleco grisáceo, gorra vaquera y zapatillas deportivas. La mayoría de sus sobrinos se encuentran estos días en Jarandilla participando activamente en la búsqueda, con la esperanza de que esta batida técnica marque un punto de inflexión.